¿Cómo formar doctrina bíblica?
Antiguo y Nuevo Testamento
Toda la Biblia viene de Dios, pero el pacto de Moisés cumplió su función y quedó antiguo. El cristiano no vive bajo ese pacto: vive bajo el nuevo pacto establecido por Cristo y guiado por el Espíritu.
Tres verdades que debemos mantener juntas
Los errores aparecen cuando afirmamos una verdad y olvidamos las otras. Para formar doctrina de manera responsable debemos conservar estas tres desde el principio.
¿Cómo usamos toda la Biblia para saber qué debe creer y vivir un cristiano?
El pacto de Moisés fue dado por Dios a Israel, cumplió la función que Dios le asignó y quedó antiguo cuando Cristo estableció el nuevo pacto. Por eso la iglesia no vive bajo dos pactos al mismo tiempo ni conserva una parte del pacto mosaico como su autoridad legal. El cristiano vive bajo el nuevo pacto, bajo el señorío de Jesús y guiado por el Espíritu.
Esto no vuelve inútil al Antiguo Testamento. Sus libros siguen siendo Palabra de Dios y nos enseñan quién es Dios, qué es el pecado y cómo su plan llegó a Cristo. Este estudio explica cómo aprender de toda la Escritura sin volver a colocarnos bajo un pacto que Dios ya dio por terminado.
En la Biblia, doctrina significa enseñanza. Hechos 2:42 dice que los primeros creyentes permanecían en la enseñanza de los apóstoles. Primera de Timoteo 4:13 y 16 manda prestar atención a la doctrina, y Tito 2:1 pide hablar de acuerdo con la sana doctrina.
Una denominación es un grupo de iglesias que comparte ciertas enseñanzas, formas de gobierno y prácticas. Por eso doctrina y denominación se relacionan, pero no son lo mismo. Ninguna organización es la medida final de la verdad. Toda enseñanza, incluida la de nuestra propia iglesia, debe examinarse con la Escritura.
Tampoco toda opinión religiosa es doctrina bíblica. Una doctrina se forma reuniendo con cuidado lo que la Biblia enseña sobre un asunto, respetando el sentido de cada pasaje.
Seis cosas que no debemos confundirUsar la misma palabra para todo convierte diferencias pequeñas en grandes peleas. Estas categorías ayudan a hablar con más claridad.
Una enseñanza que surge del conjunto de la Escritura, como la resurrección de Cristo o la salvación por gracia.
La explicación que damos de un pasaje. Debe ser examinada porque podemos entender correctamente o equivocarnos.
La manera en que una iglesia o tradición organiza varios textos sobre un tema debatido, como el sábado o la relación entre Israel y la iglesia.
La forma concreta de obedecer hoy una verdad bíblica. Una misma enseñanza puede tener varias aplicaciones fieles.
Una enseñanza o práctica recibida de otros. Puede ser útil, pero debe distinguirse de un mandato directo de Dios.
Una elección que la Biblia permite, como ciertos horarios, estilos o formas de organización. No debe imponerse como doctrina.
Primera de Corintios 11:2 y Segunda de Tesalonicenses 2:15 hablan de conservar la enseñanza recibida de los apóstoles. Esa enseñanza tiene autoridad porque comunica el mensaje que Cristo encargó a sus testigos.
Marcos 7:6-13, en cambio, muestra a Jesús reprendiendo tradiciones humanas que anulaban el mandamiento de Dios. Por eso no debemos decir que toda tradición es mala. La pregunta correcta es: ¿esta enseñanza viene del mensaje apostólico conservado en la Escritura o es una costumbre humana que estamos tratando como si Dios la hubiera mandado?
Pasajes bíblicos principales: Hechos 2:42; Marcos 7:6-13; 1 Corintios 11:2; 2 Tesalonicenses 2:15; 1 Timoteo 4:6,13,16; Tito 2:1.
Recurso de consulta: Milton S. Terry, Biblical Hermeneutics: A Treatise on the Interpretation of the Old and New Testaments. Se utilizó para comprobar la diferencia entre entender el sentido de un pasaje, reunir una enseñanza y aplicar esa enseñanza. La autoridad principal sigue siendo la Escritura.
Segunda de Timoteo 3:15-17 afirma que las Escrituras pueden hacernos sabios para la salvación por la fe en Cristo y prepararnos para toda buena obra. Cuando Pablo escribió esas palabras, las Escrituras conocidas por Timoteo incluían principalmente los libros que llamamos Antiguo Testamento.
Romanos 15:4 dice que lo escrito antes fue puesto para nuestra enseñanza y esperanza. Primera de Corintios 10:6-11 usa la historia de Israel para advertir a la iglesia. Por tanto, el Antiguo Testamento no es material desechado. Revela quién es Dios, muestra el problema del pecado, prepara el camino de Cristo y sigue instruyéndonos.
Pero autoridad como Escritura no significa vigencia como pacto. El Antiguo Testamento sigue enseñándonos, mientras que el pacto de Moisés ya no gobierna al pueblo de Dios. Aprendemos de sus leyes e historias a través de su cumplimiento en Cristo y de la enseñanza del nuevo pacto.
Fuentes de esta explicaciónPasajes bíblicos principales: 2 Timoteo 3:14-17; Romanos 15:4; 1 Corintios 10:1-11.
Recurso de consulta: The King James Version of the Bible. Se usó como comprobación textual auxiliar de los pasajes principales. La conclusión no depende de una sola traducción, sino de lo que enseñan estos textos dentro de su contexto.
El Antiguo Testamento es el conjunto de libros escritos antes de Cristo. El antiguo pacto, en Jeremías 31:31-34 y Hebreos 8:6-13, es especialmente el pacto que Dios hizo con Israel por medio de Moisés después de sacarlo de Egipto. No son la misma cosa.
Hebreos 7:18 habla de la anulación del mandamiento anterior debido a su debilidad para perfeccionar. Hebreos 8:13 dice que, al anunciar un nuevo pacto, Dios hizo antiguo al primero. Hebreos 10:9 declara que Cristo quita lo primero para establecer lo segundo. Segunda de Corintios 3 también contrasta el pacto escrito en piedra con el ministerio permanente del Espíritu.
Por eso debemos decirlo directamente: el pacto mosaico dejó de ser el pacto vigente del pueblo de Dios. Cristo estableció el nuevo pacto y la iglesia vive solamente bajo él. Esto no elimina los libros del Antiguo Testamento ni vuelve falsas las promesas hechas a Noé, Abraham o David; significa que el sistema del Sinaí ya no gobierna nuestra relación con Dios.
Los pactos dentro de una sola historiaDios desarrolló su plan a través de promesas y pactos que se conectan, pero no deben mezclarse como si fueran idénticos.
Dios prometió preservar el orden de la creación después del diluvio (Génesis 8–9).
Dios prometió descendencia, tierra y bendición para todas las naciones (Génesis 12; 15; 17).
Dios dio temporalmente a Israel leyes, sacerdocio, sacrificios y señales del pacto. Ese pacto cumplió su función y dejó de regir cuando Cristo estableció el nuevo pacto (Éxodo 19-24; Hebreos 7-10).
Dios prometió un rey y un reino ligados a la casa de David (2 Samuel 7).
Jesús inauguró con su sangre el pacto prometido. Trae perdón, una relación nueva con Dios y un pueblo guiado por el Espíritu. Este es el pacto bajo el cual vive la iglesia (Lucas 22:20; Hebreos 8).
Pasajes bíblicos principales: Génesis 8-9; 12; 15; 17; Éxodo 19-24; 2 Samuel 7; Jeremías 31:31-34; Lucas 22:20; 2 Corintios 3; Hebreos 7:18; 8:6-13; 10:9.
Recursos de consulta: The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes, para comprobar el contraste entre ambos pactos en Hebreos; y The Bible Period by Period, de Josiah Blake Tidwell, para ubicar el pacto del Sinaí dentro del desarrollo histórico de la Biblia.
En Hechos 15 algunos enseñaban que los creyentes gentiles debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés. Los apóstoles rechazaron esa exigencia. No colocaron a los gentiles bajo Moisés, sino que reconocieron la obra de Dios y les dieron instrucciones necesarias para apartarse de la idolatría, la inmoralidad y cuidar la comunión.
Gálatas enseña que nadie es declarado justo por las obras de la ley y que la ley cumplió una función temporal hasta Cristo. Hebreos 7-10 afirma que el sacerdocio cambió, el mandamiento anterior fue anulado y Cristo quitó el primer sistema para establecer el nuevo. Los sacrificios y las reglas del santuario encontraron su cumplimiento en la obra suficiente de Jesús.
Por tanto, ningún mandato mosaico obliga hoy al cristiano por pertenecer a la ley de Moisés. Ese pacto no sigue vigente, ni completo ni parcialmente. Cuando el Nuevo Testamento enseña nuevamente una verdad moral, la obedecemos como enseñanza de Cristo y del nuevo pacto, no porque todavía estemos bajo la autoridad del pacto del Sinaí.
Un ejemplo decisivoLa reunión de Jerusalén rechazó la idea de que los gentiles debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés. La decisión no fue solamente que la ley no salva; tampoco colocó a la iglesia bajo el pacto mosaico como regla de vida.
Las instrucciones de la carta respondían a la idolatría, la inmoralidad y la comunión entre creyentes judíos y gentiles. Después, las cartas del Nuevo Testamento enseñan la vida cristiana bajo Cristo: amor, pureza, justicia, dominio propio, familia, trabajo y vida de iglesia. Nuestra obediencia se aprende de Jesús y de sus apóstoles dentro del nuevo pacto.
Que el pacto de Moisés haya terminado no significa que podamos vivir como queramos. El cristiano no vive sin autoridad: vive bajo el señorío de Jesucristo. Gálatas 5 manda andar por el Espíritu y rechazar las obras de la carne. Gálatas 6:2 habla de cumplir la ley de Cristo. Jesús envió a sus discípulos a enseñar todo lo que él había mandado (Mateo 28:18-20).
Dicho de forma directa: no vivimos bajo el sistema del pacto mosaico. Vivimos bajo el nuevo pacto establecido por Cristo, guiados por el Espíritu y obedeciendo la enseñanza de Jesús y de sus apóstoles.
Esta obediencia no compra la salvación. Nace de la gracia de Dios y muestra que pertenecemos a Cristo.
Fuentes de esta explicaciónPasajes bíblicos principales: Hechos 15:1-29; 2 Corintios 3; Gálatas 2:16; 3:19-29; 5:1-26; 6:2; Hebreos 7:18; 8:13; 10:9.
Recursos de consulta: The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes, para revisar Hechos, Gálatas y Hebreos; y The Bible Period by Period, de Josiah Blake Tidwell, para comprobar la función temporal de la ley dentro del pacto con Israel.
La Biblia no enseña que Israel se salvara por cumplir leyes y que la iglesia se salve por gracia. Génesis 15:6 dice que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Romanos 4 y Gálatas 3 usan a Abraham para explicar la justificación por fe. Hebreos 11 presenta una larga lista de creyentes anteriores a Cristo que vivieron por fe.
Dios dio su ley a un pueblo que ya había rescatado de Egipto. La ley les enseñaba cómo vivir dentro de la relación que Dios había establecido con ellos; nunca fue una máquina para que pecadores ganaran vida eterna por sus propios méritos.
Romanos 3:25-26 y Hebreos 9:15 muestran que el perdón de los pecados anteriores también descansa finalmente en la obra de Cristo. La cruz no fue un segundo método de salvación, sino el fundamento del único rescate que Dios había prometido.
Leer Gálatas con cuidadoGálatas 3:23 habla de estar bajo la ley “antes que viniese la fe”. Pablo no afirma que Abraham, David y otros creyentes antiguos vivieran sin fe. El mismo capítulo acaba de presentar a Abraham como hombre de fe.
La frase se refiere a la llegada de Cristo y al momento en que la promesa alcanzó su cumplimiento histórico. La fe ya existía, pero con Cristo llegó aquello hacia lo cual apuntaban la promesa y la ley. Leer la frase dentro del argumento completo evita inventar dos formas distintas de salvación.
Pasajes bíblicos principales: Génesis 15:6; Romanos 3:25-26; 4; Gálatas 3; Hebreos 9:15; 11.
Recursos de consulta: The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes, para revisar el argumento de Gálatas 3; y The Theology of the Old Testament, de A. B. Davidson, editado por S. D. F. Salmond, para examinar la relación entre pacto, gracia, fe y ley en Israel.
Jesús dijo que no vino a destruir la Ley y los Profetas, sino a cumplirlos (Mateo 5:17). Después de resucitar, explicó a sus discípulos lo que Moisés, los Profetas y los Salmos decían acerca de él (Lucas 24:25-27, 44-47). Hebreos muestra cómo el sacerdocio, los sacrificios y el santuario encuentran su cumplimiento en Cristo.
Leer el Antiguo Testamento de manera centrada en Cristo no significa convertir cada piedra, color o número en un símbolo secreto. Significa seguir las promesas, los pactos, las figuras y el desarrollo de la historia que la propia Biblia conecta con Jesús.
Primero debemos entender lo que el pasaje comunicó en su contexto. Después observamos cómo se relaciona con la historia completa de la salvación y con el cumplimiento revelado en Cristo.
Cómo usar distintas partes del Antiguo TestamentoNo se lee una ley, una historia, una promesa y una figura de la misma manera. Cada clase de texto exige preguntas diferentes.
Las leyes de Moisés ya no tienen autoridad sobre la iglesia como parte de un pacto vigente. Aun así, siguen enseñándonos sobre Dios, el pecado y la justicia. Observamos su función en Israel y cómo Cristo y los apóstoles reciben sus principios dentro del nuevo pacto.
Un relato puede mostrar algo verdadero sin ordenar que imitemos cada acción de sus personajes. Observa lo que el autor aprueba, condena o usa como advertencia.
Identifica a quién se hizo la promesa y dentro de qué pacto. Después estudia cómo se cumple en la historia bíblica antes de aplicarla personalmente.
Personas, sacrificios o acontecimientos pueden preparar el camino de Cristo. La relación debe apoyarse en el desarrollo real de la Biblia, no en parecidos imaginados.
La Biblia sí usa figuras que anticipan realidades mayores. Adán, el éxodo, el cordero, el sacerdocio y los sacrificios ayudan a comprender a Cristo. A esta relación entre un patrón anterior y su cumplimiento se le suele llamar tipología.
Sin embargo, no debemos asignar un significado espiritual a cada objeto o número solamente porque suena interesante. Una relación responsable necesita contexto, un patrón que aparezca realmente en la Escritura y confirmación en el desarrollo que llega a Cristo. Los detalles imaginarios no pueden servir como base de una doctrina.
Pasajes bíblicos principales: Mateo 5:17-20; Lucas 24:25-27,44-47; Hebreos 1:1-3; 7-10.
Recursos de consulta: Biblical Hermeneutics, de Milton S. Terry, para revisar el contexto, el propósito del autor y los límites de las figuras bíblicas; y The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes, para comprobar el desarrollo del argumento de Hebreos.
Durante siglos muchos cristianos han agrupado las leyes de Moisés en tres categorías: moral, ceremonial y civil. La clasificación puede ayudar a explicar que una regla sobre sacrificios no trata el mismo asunto que un mandato contra el asesinato.
Sin embargo, esa clasificación no mantiene vigente una parte del pacto mosaico. La Biblia presenta aquel pacto como un conjunto, y el conjunto quedó antiguo cuando Cristo estableció el nuevo pacto. No seguimos un mandamiento porque logremos colocarlo en la categoría “moral”.
Las verdades morales de Dios no se volvieron malas ni desaparecieron. Cuando están arraigadas en la creación o son enseñadas nuevamente por Jesús y los apóstoles, las obedecemos bajo la autoridad de Cristo y del nuevo pacto, no porque continuemos bajo Moisés.
Estos casos muestran que el Nuevo Testamento no ignora el Antiguo. Lo explica y lo aplica a la luz de Cristo.
Romanos 4 y Gálatas 3 usan Génesis 15:6 para enseñar que Dios acepta al pecador por la fe y no por sus méritos.
Jesús vuelve a Génesis 1–2 para explicar el propósito de Dios para el matrimonio (Mateo 19:4-6).
Pablo toma Deuteronomio 25:4 y aplica su principio al sostenimiento de quienes trabajan enseñando (1 Corintios 9:8-10; 1 Timoteo 5:17-18).
Primera de Corintios 10 usa los pecados de Israel como advertencia para que la iglesia no repita su idolatría e inmoralidad.
Hebreos 7–10 explica que estas instituciones preparaban el camino para el sacrificio y sacerdocio perfectos de Jesús.
Hechos 15 y Gálatas 5 rechazan la circuncisión y la ley mosaica como obligaciones del pacto para los gentiles. La iglesia vive bajo el nuevo pacto de Cristo.
El sábado, el diezmo, la relación entre Israel y la iglesia, y la manera de entender los Diez Mandamientos han producido debates serios entre cristianos que reconocen la autoridad de la Biblia. Pero el punto de partida debe quedar claro: la iglesia no vive bajo el pacto mosaico. El debate consiste en cómo ciertas verdades anteriores aparecen en la creación, se cumplen en Cristo o son enseñadas nuevamente dentro del nuevo pacto.
Admitir que existe un debate no significa que todas las respuestas sean igualmente correctas. También debemos distinguir estos asuntos de las verdades centrales del evangelio. Gálatas 1:6-9 condena un mensaje que cambia el evangelio, y Segunda de Juan 9-10 advierte contra negar la enseñanza acerca de Cristo. Una doctrina que rechaza al Cristo anunciado por los apóstoles no es simplemente una diferencia secundaria.
Podemos tener comunión con creyentes que difieren en asuntos secundarios sin regresar al pacto de Moisés ni decir que la doctrina no importa.
No todo tiene el mismo grado de claridadLa Biblia enseña de manera directa que toda la Escritura es inspirada, que Cristo es suficiente, que el pecador es aceptado por la fe y que el pacto mosaico quedó antiguo como pacto vigente. La iglesia vive bajo el nuevo pacto y no bajo una mezcla de Moisés y Cristo. Estas verdades tienen apoyo claro y repetido.
La forma exacta de explicar el futuro de Israel, la práctica del sábado, la continuidad del diezmo y la manera en que algunas verdades morales reaparecen en el Nuevo Testamento requiere reunir más textos y evaluar argumentos distintos. Estos debates no hacen vigente otra vez el pacto que Hebreos declara antiguo.
La humildad no consiste en hablar de forma confusa. Consiste en afirmar con claridad lo que dice la Escritura y reconocer los límites donde nuestras conclusiones dependen de conectar varios pasajes.
Antes de afirmar “la Biblia enseña esto”, conviene recorrer estos pasos.
No construyas una enseñanza con una frase separada. Observa el argumento, el género y las palabras que la rodean.
Pregunta quién habló, a quién, en qué situación y bajo qué pacto fue dado el mensaje.
Busca otros textos claros sobre el mismo asunto. Una doctrina puede surgir de la enseñanza conjunta de varios pasajes.
Observa cómo Jesús y los apóstoles reciben, cumplen o aplican el texto anterior.
Separa el principio que la Biblia enseña de la forma concreta en que decides obedecerlo hoy.
Sé firme donde el texto es claro y prudente donde tu conclusión depende de varios pasos o existe un debate real.
Pasajes bíblicos que muestran este método: Génesis 15:6 leído en Romanos 4 y Gálatas 3; Génesis 1-2 leído por Jesús en Mateo 19:4-6; Deuteronomio 25:4 aplicado en 1 Corintios 9:8-10 y 1 Timoteo 5:17-18.
Recurso de consulta: Biblical Hermeneutics, de Milton S. Terry. Se utilizó para reforzar la necesidad de estudiar el contexto, el propósito del escritor y el desarrollo de su argumento antes de convertir una frase aislada en doctrina.
- ¿Qué quiso comunicar el autor a sus primeros lectores?
- ¿Este pasaje describe algo que ocurrió o manda algo que debemos hacer?
- ¿A quién fue dada esta ley o promesa y dentro de qué pacto?
- ¿Cómo se relaciona este texto con Jesucristo y el nuevo pacto?
- ¿Jesús o los apóstoles vuelven a enseñar este principio?
- ¿Estoy formando una doctrina bíblica o defendiendo una costumbre de mi iglesia?
- ¿Estoy diciendo exactamente lo que afirma el texto o dando una conclusión que debo explicar?
- ¿Otros pasajes claros corrigen o limitan la manera en que estoy usando este versículo?
No debemos decir que el Antiguo Testamento ya no tiene autoridad ni que Israel se salvaba por obras. Tampoco debemos enseñar que una parte del pacto mosaico continúa gobernando a la iglesia mientras otra parte desapareció. El pacto fue dado como un conjunto y quedó antiguo cuando Cristo estableció el nuevo.
Esto no vuelve inútiles sus leyes. Nos enseñan sobre Dios, el pecado, la justicia y la necesidad de Cristo. Pero ningún mandamiento obliga al cristiano simplemente por pertenecer a la ley de Moisés. Nuestra autoridad para vivir viene de Cristo y de la enseñanza del nuevo pacto.
No toda promesa hecha a Israel es una garantía material para cada cristiano, ni cada detalle de una historia es un símbolo escondido de Cristo. Tampoco toda práctica de nuestra iglesia fue mandada por Dios. Debemos volver al texto y permitir que la Escritura corrija incluso las tradiciones que más apreciamos.
- La Biblia: los pasajes indicados en cada sección son la base principal y la autoridad final de las conclusiones.
- The King James Version of the Bible: comprobación textual auxiliar de los pasajes bíblicos principales.
- The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes: revisión del texto griego de Hebreos, Gálatas y Hechos.
- Biblical Hermeneutics: A Treatise on the Interpretation of the Old and New Testaments, de Milton S. Terry: contexto, propósito del escritor, interpretación, aplicación y cuidado con figuras inventadas.
- The Bible Period by Period: A Manual for the Study of the Bible by Periods, de Josiah Blake Tidwell: pacto del Sinaí y función histórica de la ley.
- The Theology of the Old Testament, de A. B. Davidson, editado por S. D. F. Salmond: pacto, gracia, fe y función de la ley en Israel.
Conclusión
Formar doctrina con toda la Biblia exige distinguir claramente la Escritura inspirada del pacto que ya cumplió su función. El Antiguo Testamento sigue siendo Palabra de Dios y es necesario para comprender la creación, el pecado, las promesas y la obra de Cristo. Pero el pacto de Moisés quedó antiguo y dejó de gobernar al pueblo de Dios. Cristo quitó lo primero para establecer el nuevo pacto.
El cristiano no vive bajo Moisés ni bajo una mezcla de ambos pactos. Vive bajo el señorío de Jesucristo, guiado por el Espíritu y obedeciendo la enseñanza del nuevo pacto. Las verdades morales que Jesús y los apóstoles enseñan no nos regresan al Sinaí; expresan la voluntad de Dios para quienes pertenecen a Cristo.
La salvación nunca se ganó por cumplir leyes. Abraham fue aceptado por la fe y el perdón de todos descansa en Jesucristo. La gracia no elimina la obediencia: produce un pueblo que ama a Dios y vive bajo la ley de Cristo.
Una doctrina bíblica no nace de una costumbre denominacional ni de un versículo aislado. Nace de escuchar cada pasaje en su contexto, reconocer qué pacto está vigente y seguir el desarrollo de la Escritura hasta Cristo. Seamos claros donde Dios habló claramente y humildes para corregir nuestras propias conclusiones.