Yael Gutierrez · Diario bíblico

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¿Debe el cristiano diezmar?
Diezmo, ofrenda y Nuevo Pacto

Una respuesta bíblica y cuidadosa al debate sobre si el diezmo sigue siendo una obligación para la iglesia del Nuevo Pacto.

Fecha del estudio 30 de junio de 2026
Tema Diezmo y generosidad cristiana
Enfoque Malaquías, la Ley y la ofrenda voluntaria

Idea central de la enseñanza

La pregunta no es si el cristiano debe ser generoso. La pregunta es si el diezmo de Israel bajo la Ley de Moisés sigue siendo un mandato obligatorio para la iglesia del Nuevo Pacto.

Texto Malaquías 3 debe leerse primero en su contexto: Israel, el templo, el alfolí y el pacto mosaico.
Doctrina El Nuevo Testamento llama a dar con generosidad, pero no impone el diezmo mosaico como ley para la iglesia.
Vida Dar no debe nacer del miedo ni de una amenaza, sino de gratitud, responsabilidad y amor por la obra de Dios.

El tema del diezmo suele tocar fibras sensibles, porque involucra dinero, conciencia, iglesia, liderazgo y fidelidad a Dios. Por eso conviene abordarlo con respeto, paciencia y, sobre todo, permitiendo que la Escritura hable dentro de su propio contexto.

Curiosamente, aunque en muchas iglesias es un tema de constante discusión, entre quienes estudian cuidadosamente el significado y el contexto de la Biblia no suele ocupar el mismo nivel de debate. La mayor parte de los especialistas coincide en que el análisis debe comenzar distinguiendo el contexto del Antiguo Pacto y el del Nuevo Pacto. Las diferencias aparecen principalmente en la forma en que cada tradición aplica esos textos a la iglesia actual.

Este diálogo no pretende promover la tacañería ni atacar a quienes ofrendan o incluso diezman con alegría y convicción. Tampoco busca utilizar la Biblia para imponer cargas que los apóstoles no impusieron a la iglesia. El propósito es examinar los argumentos de ambas posturas y permitir que sea el texto bíblico, leído en su contexto histórico, gramatical y literario, el que guíe las conclusiones.

La pregunta que analizaremos es sencilla: ¿Debe el cristiano diezmar como una obligación? Para responderla será necesario distinguir entre el diezmo bajo la Ley de Moisés, los ejemplos anteriores a la Ley, el sostenimiento de la obra de Dios y la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la generosidad cristiana. Así, el objetivo no será defender una tradición, sino comprender qué enseña realmente la Escritura sobre este tema.

El argumento más común a favor del diezmo obligatorio viene de Malaquías 3. Allí se dice: "¿Robará el hombre a Dios?" y se manda traer los diezmos al alfolí. También aparece la promesa de abrir las ventanas de los cielos y reprender al devorador.

Pero antes de aplicar ese texto directamente a cada cristiano, necesitamos preguntar: ¿a quién fue dirigido? El libro comienza presentando una profecía contra Israel. El contexto no es una iglesia gentil del Nuevo Pacto, sino el pueblo de Israel dentro del marco del pacto mosaico, con templo, sacerdotes, levitas, cosechas y alfolí.

Eso no significa que Malaquías no tenga nada que enseñarnos. Sí nos enseña que Dios toma en serio la infidelidad, la adoración falsa y la mala administración de lo que Él había mandado. Pero una cosa es aprender principios, y otra es convertir el pasaje en un mandato directo de diezmo obligatorio para la iglesia sin que el Nuevo Testamento haga esa aplicación.

Si quieres entender este tema con equilibrio, no conviene usar un solo pasaje aislado. Hay que mirar el contexto completo.

Malaquías 3:8-10

Habla a Israel y menciona el alfolí para que haya alimento en la casa de Dios. El contexto apunta al sistema del templo y al pacto mosaico.

Levítico 27:30-33

Describe el diezmo en términos de semilla de la tierra, fruto de los árboles y animales. No aparece como un simple porcentaje moderno de salario.

Hebreos 7:4-10

Menciona el diezmo de Abraham a Melquisedec para mostrar la superioridad de Melquisedec sobre Leví, no para imponer un mandamiento de diezmo a la iglesia.

Hechos 15

Cuando los apóstoles trataron qué exigir a los creyentes gentiles, no incluyeron el diezmo como obligación apostólica.

1 Corintios 16:1-2

Pablo enseña una contribución conforme cada uno haya prosperado, no una imposición uniforme presentada como diezmo mosaico.

2 Corintios 9:6-7

El principio apostólico es dar con generosidad, como cada uno propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación.

Alguien puede decir: "Pero el diezmo existía antes de la Ley, porque Abraham diezmó a Melquisedec y Jacob prometió diezmar". Esa observación es importante, pero hay que manejarla con precisión.

Abraham dio el diezmo a Melquisedec, sí. Pero el texto presenta ese acto como un evento específico después de una victoria militar, relacionado con el botín de guerra. No lo presenta como una práctica mensual, ni como un mandamiento permanente para todos sus descendientes, ni como una ley para la iglesia.

Jacob también habló de dar el diezmo, pero lo hizo dentro de un voto personal. De nuevo, el texto no muestra una institución regular como la que después aparece en Israel bajo la Ley de Moisés. Por eso, esos ejemplos no bastan por sí solos para imponer el diezmo como una obligación que sirva de regla para todos los creyentes del Nuevo Pacto.

Un ejemplo no siempre funciona como mandato

La Biblia narra muchas acciones de los patriarcas, pero no toda narración se convierte automáticamente en ley para la iglesia. Para establecer una práctica obligatoria necesitamos ver mandato, enseñanza apostólica o una aplicación clara dentro del Nuevo Testamento.

Malaquías dice: "Traed todos los diezmos al alfolí", y luego explica: "para que haya alimento en mi casa". Ese detalle es clave. El alfolí era un almacén relacionado con el templo. El diezmo en Israel estaba vinculado a productos agrícolas, ganado y sostenimiento del sistema levítico.

Por eso no debemos leer el alfolí como si automáticamente fuera la cuenta bancaria de una congregación moderna. Hay principios de sostenimiento y responsabilidad, pero el sistema específico de Malaquías pertenece al templo y a la administración del pacto mosaico.

No son la misma categoría bíblica

A veces se dice que hoy los pastores ocupan el lugar de los sacerdotes levíticos y por eso deben recibir el diezmo. Pero el Nuevo Testamento presenta otro panorama. Cristo es el Sumo Sacerdote, y todos los creyentes forman un real sacerdocio.

Esto no niega que los pastores puedan ser sostenidos. Pablo enseña que quienes predican el evangelio pueden vivir del evangelio, y también recibió ayuda económica. Pero eso no es lo mismo que decir que los pastores sustituyen al sacerdocio levítico o que la iglesia gentil queda bajo el diezmo mosaico.

En Malaquías, el devorador está relacionado con las cosechas de Israel. El pasaje habla de fruto de la tierra y de vid en el campo. Por eso, no conviene afirmar sin cuidado que el devorador es Satanás atacando las finanzas de todo creyente que no diezma.

Dios sí gobierna, provee, corrige y cuida a su pueblo. Pero debemos dejar que el texto diga lo que dice. En su contexto, Malaquías habla de la bendición o disciplina de Dios sobre Israel dentro de un marco agrícola y de pacto.

Hechos 15 es importante porque allí los apóstoles trataron la pregunta de qué exigir a los creyentes gentiles. Si el diezmo hubiera sido una obligación central para la iglesia gentil, esperaríamos encontrarlo allí o en las cartas apostólicas. Pero no aparece.

En cambio, cuando Pablo enseña sobre dinero, habla de generosidad, ayuda a los santos, sostenimiento de obreros fieles, responsabilidad y dar conforme a lo que uno tiene. El lenguaje apostólico no descansa en una amenaza de maldición financiera, sino en la gracia de Dios obrando en corazones agradecidos.

Generosidad sí; obligación legal del diezmo, no como mandato apostólico

El Nuevo Testamento no nos llama a ser indiferentes con la obra de Dios. Nos llama a ser generosos, responsables y alegres al dar. Pero esa generosidad no se presenta como un impuesto religioso obligatorio del diez por ciento, sino como una respuesta de gracia, amor y conciencia delante del Señor.

Algunos enseñan que, aunque el Nuevo Testamento habla de dar voluntariamente, el creyente no debería conformarse con el diez por ciento. Afirman que el diezmo es solo un punto de partida y que, por amor a Dios, siempre deberíamos procurar dar más, nunca menos.

La respuesta desde la Escritura debe ser cuidadosa: el Nuevo Testamento nunca establece el diez por ciento como un mínimo que deba superarse. Cuando Pablo enseña sobre las ofrendas, no fija un porcentaje ni dice que el creyente deba dar "más que el diezmo". En cambio, presenta otros principios: dar conforme haya prosperado, dar como propuso en su corazón, y dar no por obligación, sino con alegría.

Si una persona decide dar más del diez por ciento por gratitud y amor a Dios, puede hacerlo libremente. Eso puede ser hermoso y legítimo. Pero convertir esa decisión voluntaria en una expectativa para todos añade un requisito que el Nuevo Testamento no establece.

La verdadera medida de la generosidad cristiana no es superar un porcentaje, sino que el corazón sea generoso y que la ofrenda nazca de la libertad y no de la presión. El crecimiento espiritual no se mide por cuánto se supera el diez por ciento, sino por una vida cada vez más entregada a Cristo en todas las áreas.

Otro argumento dice: "No importa en qué use el pastor el dinero; lo importante es que cada creyente cumpla con dar". Pero la Escritura no presenta la administración como algo indiferente. La fidelidad incluye dar bien, pero también administrar bien.

En la iglesia debe haber integridad, rendición de cuentas y responsabilidad. El dinero dado para la obra de Dios no debe tratarse como propiedad privada de un líder. Si el pueblo debe dar con fidelidad, quienes administran también deben hacerlo con temor de Dios, transparencia y honestidad.

Entonces, ¿cómo debe pensar un cristiano sobre dar?

No des por miedo

No des porque alguien te amenazó con maldición o ruina financiera. Da delante de Dios con conciencia limpia.

No uses la libertad como excusa

Que el diezmo no sea impuesto como ley no significa que el creyente pueda vivir cerrado, egoísta o indiferente.

Da con responsabilidad

Considera tus posibilidades reales, tus obligaciones familiares y las necesidades legítimas de la obra de Dios.

Da con alegría

El Nuevo Testamento insiste en el corazón. Dios ama al dador alegre, no al que da manipulado o forzado.

Apoya obra sana

Es correcto sostener ministerios fieles, enseñanza bíblica, ayuda a necesitados y obreros que sirven con integridad.

Pide transparencia

La generosidad cristiana no elimina la rendición de cuentas. Administrar bien también es parte de la fidelidad.

  • El cristiano debe ser generoso.
  • La iglesia puede sostener obreros y ministerios fieles.
  • Malaquías 3 debe leerse dentro de su contexto original.
  • El Nuevo Testamento enseña ofrenda voluntaria, alegre y responsable.
  • La administración del dinero debe hacerse con integridad.
  • No dice que dar no importa.
  • No dice que sostener la obra sea opcional en sentido moral.
  • No dice que todo pastor sea deshonesto.
  • No dice que una persona peque por dar el diez por ciento voluntariamente.
  • No dice que la iglesia deba vivir sin recursos ni responsabilidad económica.
  • ¿Estoy dando por amor a Dios o por miedo a una amenaza?
  • ¿Estoy usando mi libertad para justificar egoísmo?
  • ¿Estoy interpretando Malaquías 3 dentro de su contexto?
  • ¿Estoy siendo generoso conforme a lo que Dios me ha permitido tener?
  • ¿La obra que apoyo administra con integridad y claridad?

Conclusión

El debate no gira alrededor de si el cristiano debe ser generoso. La generosidad sí pertenece a la vida cristiana. La diferencia está en si el diezmo establecido para Israel bajo el pacto mosaico continúa siendo una obligación para la iglesia del Nuevo Pacto.

Una postura entiende que Malaquías sigue siendo un mandato vigente para todos los creyentes. La otra sostiene que ese pasaje debe interpretarse dentro de su contexto histórico y que el Nuevo Testamento establece como principio la ofrenda voluntaria, generosa y responsable, no un porcentaje obligatorio impuesto como ley.

A mi entender, el camino más fiel al Nuevo Testamento es este: no imponer el diezmo como obligación apostólica, pero sí llamar al creyente a una generosidad real, alegre, responsable y comprometida con la obra de Dios.