El apóstol Pablo escribió a dos tipos de destinatarios: iglesias locales, en ciudades específicas del Imperio Romano, y colaboradores suyos en privado.
A iglesias locales
En su mayoría eran iglesias gentiles, aunque con minorías judías.
Romanos
A la iglesia en Roma, la capital del Imperio. Era una iglesia mixta de judíos y gentiles. Pablo les escribe un tratado teológico profundo para unirlos en la doctrina de la gracia.
1 y 2 Corintios
A la iglesia en Corinto, Grecia. Era una ciudad portuaria cosmopolita, llena de idolatría y libertinaje. Pablo les escribe para corregir desórdenes graves: divisiones, inmoralidad sexual, abusos en la Santa Cena y desorden extremo con los dones espirituales.
Gálatas
A un grupo de iglesias en la región de Galacia, hoy Turquía. Eran cristianos gentiles que estaban siendo engañados por falsos maestros judíos que querían obligarlos a circuncidarse y guardar la Ley de Moisés, la Torá. Es una carta dura donde Pablo defiende que la salvación es solo por fe, no por obras de la Ley.
Efesios
A la iglesia en Éfeso, hoy Turquía. Una metrópolis famosa por el ocultismo y el templo de la diosa Diana. Les explica el plan eterno de Dios, la guerra espiritual real, la armadura de Dios y cómo debe vivir la iglesia.
Filipenses
A la iglesia en Filipos, Macedonia/Grecia. Fue la primera iglesia que Pablo fundó en Europa. Es una carta de agradecimiento, muy cariñosa y llena de gozo, escrita desde la prisión.
Colosenses
A la iglesia en Colosas. Les escribe para combatir una herejía mística que mezclaba filosofía humana, legalismo judío y adoración a ángeles, recordándoles que Cristo es el centro de todo.
1 y 2 Tesalonicenses
A la iglesia en Tesalónica, Grecia. Cristianos jóvenes que sufrían mucha persecución. Pablo les escribe para consolarlos y aclararles dudas muy específicas sobre la segunda venida de Cristo y el fin del mundo.
A personas individuales
1 y 2 Timoteo
A Timoteo, un pastor joven de padre griego y madre judía, a quien Pablo dejó encargado de liderar la difícil iglesia de Éfeso. Le da instrucciones sobre cómo organizar la iglesia, los requisitos para los líderes, obispos y diáconos, y cómo combatir falsas doctrinas.
Tito
A Tito, otro líder de confianza que Pablo dejó en la isla de Creta, famosa por la mala reputación de sus habitantes. Le da instrucciones similares a las de Timoteo sobre cómo ordenar las iglesias locales.
Filemón
A Filemón, un cristiano adinerado de Colosas. Es una carta privada donde Pablo le pide que perdone y reciba como a un hermano a Onésimo, un esclavo que le había robado y había huido, pero que se había convertido al cristianismo en la cárcel con Pablo.
Hebreos
Dirigida a cristianos de origen judío, hebreos, que estaban sufriendo una persecución tan fuerte que estaban tentados a renunciar a Cristo y regresar al Antiguo Pacto, a los sacrificios de animales y al templo, para salvar sus vidas. El autor les demuestra de forma magistral que volver atrás es perderlo todo, porque Jesús es superior a los ángeles, a Moisés y a toda la Ley Antigua.
Las siete cartas generales
Se les llama generales porque, a diferencia de las de Pablo, no van dirigidas a una sola ciudad, sino a la iglesia de forma global o a grandes grupos de personas.
Santiago
A las doce tribus que están en la dispersión. Se refiere a los primeros cristianos judíos que tuvieron que huir de Jerusalén por la persecución y terminaron viviendo por todo el Imperio. Es una carta muy práctica sobre cómo debe verse la fe real a través de las buenas obras.
1 y 2 Pedro
A los creyentes extranjeros dispersos por las provincias del Imperio Romano, hoy Turquía. Pedro les escribe para darles ánimo ante la inminente y sangrienta persecución del emperador Nerón, llamándolos a mantener la santidad y la esperanza.
1, 2 y 3 Juan
La primera va dirigida a las iglesias en general para combatir a los primeros falsos maestros, gnósticos, que decían que Jesús no había venido en carne real. La segunda va a "la señora elegida y a sus hijos", probablemente una metáfora para una iglesia local y sus miembros, y la tercera a un líder fiel llamado Gayo.
Judas
A los llamados y santificados en general. Su único propósito es advertir con urgencia sobre falsos maestros encubiertos que ya se habían metido en las iglesias para torcer la gracia de Dios y convertirla en libertinaje.