Yael Gutierrez · Diario bíblico

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La diferencia entre
testamento y pacto

Muchas veces usamos estas palabras como sinónimos, pero no son lo mismo. Entender la diferencia ayuda a leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Pacto.

Fecha del estudio 1 de mayo de 2026
Tema Testamento, pacto y Ley
Enfoque Antiguo Pacto y Nuevo Pacto
Pacto: el acuerdo Es un contrato o alianza de lealtad entre dos partes, Dios y el hombre. Define las reglas del acuerdo: "Si ustedes hacen esto, yo seré su Dios".
Testamento: el libro Es el documento escrito que recopila la historia, los detalles y la vigencia de ese pacto. El Viejo Testamento registra los pactos antiguos; el Nuevo Testamento registra el pacto definitivo en Jesús.

La gran pregunta es si debemos estudiar y tomar doctrinas del Antiguo Testamento. Aquí es donde muchas personas se confunden y caen en legalismo, como prohibir comidas, guardar el sábado o exigir sacrificios y pactos de dinero.

La respuesta sabia y equilibrada es: sí debemos estudiarlo, pero no todo aplica como mandato directo para la iglesia. El pacto de Moisés cumplió su función y quedó antiguo cuando Cristo estableció el Nuevo Pacto. Por eso no vivimos bajo una parte de Moisés y otra parte de Cristo; leemos toda la Escritura a la luz de Jesús y de la enseñanza apostólica.

Leyes civiles de Israel Eran reglas de gobierno para Israel: juicios, organización social, agricultura y vida nacional. Nos enseñan principios de justicia, pero no rigen como ley para la iglesia.
Leyes ceremoniales Incluían sacrificios, templo, fiestas y sacerdotes. Jesús cumplió ese sistema. Él es nuestro sacrificio perfecto y nuestro Sumo Sacerdote; por eso la iglesia no vuelve al sistema del templo.
Verdades morales Verdades como no matar, no mentir, amar al prójimo y vivir en fidelidad reflejan el carácter de Dios. El cristiano las obedece bajo la autoridad de Cristo y del Nuevo Pacto, no porque siga bajo el pacto de Moisés.
"El Antiguo Testamento se lee a la luz del Nuevo Testamento. El Antiguo es la raíz y la promesa; el Nuevo es el fruto y el cumplimiento."

Si una práctica pertenecía al sistema de Moisés, como sacrificios, leyes de comida o señales nacionales de Israel, no debe volverse doctrina obligatoria para la iglesia. Debemos preguntar cómo ese mandato se cumplió en Cristo y si Jesús o sus apóstoles lo enseñan como parte de la vida del Nuevo Pacto.

Nota El Antiguo Testamento nos muestra promesas, sombras y preparación; el Nuevo Testamento muestra su cumplimiento en Cristo. No despreciamos el plano, pero vivimos en la realidad a la que apuntaba.

Jesús no vino a tratar la Ley como si fuera pecado o error. Vino a cumplirla y a mostrar la voluntad de Dios desde la raíz del corazón. En el Sermón del Monte, Mateo 5, lo dejó claro.

Antiguo "No matarás".
Nuevo, según Jesús No solo no mates; si te enojas con tu hermano o lo insultas, ya pecaste en tu corazón.
Antiguo "No cometerás adulterio".
Nuevo, según Jesús Si miras a alguien con lujuria, ya adulteraste en tu mente.

Bajo el Nuevo Pacto no vivimos sin autoridad. Vivimos bajo Cristo, guiados por el Espíritu, y la obediencia nace de un corazón transformado por la gracia.

El Nuevo Testamento muestra qué mandamientos pertenecían al pacto de Moisés y ya no rigen como pacto para la iglesia porque encontraron su cumplimiento en Cristo.

Las leyes de comida ya no gobiernan la vida cristiana: en Marcos 7:19 se nos dice que Jesús declaró limpios todos los alimentos. Ya no tenemos que dejar de comer cerdo o mariscos como obligación del pacto.

Los sacrificios y rituales también quedaron cumplidos. El libro de Hebreos explica que el templo de Jerusalén, los sacerdotes humanos y los sacrificios de animales quedaron obsoletos porque Jesús es el sacrificio perfecto y final.

Conclusión

El Antiguo Testamento debe estudiarse porque es Palabra de Dios, raíz, promesa y fundamento. Pero no todo debe aplicarse como mandato directo para la iglesia, porque muchas cosas pertenecían al pacto de Moisés, a Israel como nación o al sistema del templo.

El Nuevo Pacto en Jesús no desecha la santidad; la cumple y la forma en nosotros por el Espíritu. El cristiano no vive bajo Moisés, sino bajo el señorío de Cristo, obedeciendo la enseñanza del Nuevo Pacto.