La diferencia entre
testamento y pacto
Muchas veces usamos estas palabras como sinónimos, pero no son lo mismo. Entender la diferencia ayuda a leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Pacto.
La gran pregunta es si debemos estudiar y tomar doctrinas del Antiguo Testamento. Aquí es donde muchas personas se confunden y caen en legalismo, como prohibir comidas, guardar el sábado o exigir sacrificios y pactos de dinero.
La respuesta sabia y equilibrada es: sí debemos estudiarlo, pero no todo aplica como mandato directo para la iglesia. El pacto de Moisés cumplió su función y quedó antiguo cuando Cristo estableció el Nuevo Pacto. Por eso no vivimos bajo una parte de Moisés y otra parte de Cristo; leemos toda la Escritura a la luz de Jesús y de la enseñanza apostólica.
"El Antiguo Testamento se lee a la luz del Nuevo Testamento. El Antiguo es la raíz y la promesa; el Nuevo es el fruto y el cumplimiento."
Si una práctica pertenecía al sistema de Moisés, como sacrificios, leyes de comida o señales nacionales de Israel, no debe volverse doctrina obligatoria para la iglesia. Debemos preguntar cómo ese mandato se cumplió en Cristo y si Jesús o sus apóstoles lo enseñan como parte de la vida del Nuevo Pacto.
Jesús no vino a tratar la Ley como si fuera pecado o error. Vino a cumplirla y a mostrar la voluntad de Dios desde la raíz del corazón. En el Sermón del Monte, Mateo 5, lo dejó claro.
Bajo el Nuevo Pacto no vivimos sin autoridad. Vivimos bajo Cristo, guiados por el Espíritu, y la obediencia nace de un corazón transformado por la gracia.
El Nuevo Testamento muestra qué mandamientos pertenecían al pacto de Moisés y ya no rigen como pacto para la iglesia porque encontraron su cumplimiento en Cristo.
Las leyes de comida ya no gobiernan la vida cristiana: en Marcos 7:19 se nos dice que Jesús declaró limpios todos los alimentos. Ya no tenemos que dejar de comer cerdo o mariscos como obligación del pacto.
Los sacrificios y rituales también quedaron cumplidos. El libro de Hebreos explica que el templo de Jerusalén, los sacerdotes humanos y los sacrificios de animales quedaron obsoletos porque Jesús es el sacrificio perfecto y final.
Conclusión
El Antiguo Testamento debe estudiarse porque es Palabra de Dios, raíz, promesa y fundamento. Pero no todo debe aplicarse como mandato directo para la iglesia, porque muchas cosas pertenecían al pacto de Moisés, a Israel como nación o al sistema del templo.
El Nuevo Pacto en Jesús no desecha la santidad; la cumple y la forma en nosotros por el Espíritu. El cristiano no vive bajo Moisés, sino bajo el señorío de Cristo, obedeciendo la enseñanza del Nuevo Pacto.