El Espíritu Santo en Hechos y la imposición de manos
Hechos muestra cómo el evangelio avanzó de Jerusalén a Samaria y hasta los gentiles. La imposición de manos tiene base bíblica, pero nunca debe tratarse como una técnica para controlar al Espíritu Santo.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”. Hechos 17:11.
Hechos 1:8; Hechos 2:1-4; Hechos 2:38-39; Hechos 8:14-17; Hechos 9:17; Hechos 10:44-48; Hechos 19:1-7; 1 Tesalonicenses 5:19-21; 1 Corintios 12:11-13; Gálatas 3:2-5; Efesios 5:18.
Texto bíblico: Palabra de Dios para Todos (PDT).
Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder. Serán mis testigos en Jerusalén, en toda la región de Judea y Samaria y en todo el mundo.
1. Cuando llegó el día de Pentecostés, todos estaban reunidos en un mismo lugar. 2. De repente, vino del cielo un ruido como de un viento muy fuerte, que llenó toda la casa. 3. Vieron algo parecido a llamas de fuego que se separaron y se colocaron sobre cada uno de los que estaban allí. 4. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en diferentes idiomas por el poder que les daba el Espíritu.
38. Pedro les dijo: —Cambien su manera de pensar y de vivir y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo. Así Dios les perdonará sus pecados y recibirán el Espíritu Santo como regalo. 39. Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos. Es decir, para todos los que el Señor nuestro Dios quiera llamar.
14. Cuando los apóstoles supieron en Jerusalén que los de Samaria había aceptado la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. 15. Cuando llegaron a Samaria después de bajar de Jerusalén, Pedro y Juan oraron para que los creyentes de Samaria recibieran el Espíritu Santo, 16. porque el Espíritu no había venido sobre ninguno de ellos. Solamente se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús. 17. Después de orar, Pedro y Juan les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
Entonces Ananías se fue a la casa de Judas e imponiéndole las manos a Saulo, le dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús me envió. Fue el que se te apareció cuando venías para acá. Me mandó para que puedas ver de nuevo y te llenes del Espíritu Santo».
44. Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo cayó sobre los que estaban escuchando el mensaje. 45. Los creyentes judíos que vinieron con Pedro estaban asombrados porque el Espíritu Santo se había derramado como un don sobre los que no eran judíos. 46. Los escuchaban hablar en lenguas y alabar a Dios. Entonces Pedro les dijo: 47. —¿Puede acaso alguien atreverse a no dejar que estos sean bautizados en agua? Ellos han recibido al Espíritu Santo, al igual que nosotros. 48. Así que Pedro ordenó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron a Pedro que se quedara unos días más.
1. Mientras Apolos estaba en la ciudad de Corinto, Pablo visitó algunos lugares camino a la ciudad de Éfeso. Allí Pablo encontró a algunos seguidores del Señor 2. y les preguntó: —Cuando ustedes creyeron, ¿recibieron el Espíritu Santo? Los seguidores le dijeron: —Nosotros ni siquiera hemos escuchado que hay un Espíritu Santo. 3. Pablo les preguntó: —¿Qué clase de bautismo tuvieron ustedes? Ellos le dijeron: —El bautismo que Juan enseñó. 4. Pablo les dijo: —Juan le dijo a la gente que se bautizara para demostrar que ellos querían cambiar su vida. Les dijo que creyeran en Jesús, el que vendría después de él. 5. Al escuchar eso fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6. Cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo llegó a ellos. Empezaron a hablar en lenguas y a decir profecías. 7. Eran como doce hombres en total.
19. No detengan la obra del Espíritu. 20. No desprecien las profecías. 21. Examinen todo y quédense con lo bueno.
11. Todo eso lo hace un solo Espíritu y él decide lo que le da a cada cual. 12. Nuestro cuerpo tiene muchas partes, pero todas esas partes forman un solo cuerpo. Lo mismo sucede con Cristo: 13. ya sea judíos o no, esclavos o libres, todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar parte de un solo cuerpo; a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.
2. Solo quiero que me contesten una cosa: ¿recibieron ustedes el Espíritu por cumplir la ley? Ustedes recibieron el Espíritu porque escucharon las buenas noticias y creyeron en ellas. 3. Comenzaron su nueva vida con el Espíritu, ¿y ahora suponen que la van a perfeccionar por medio de un pedazo de piel? ¡Qué tontería! 4. Han pasado por muchas experiencias, ¿será que las van a desperdiciar? Quiero creer que no. 5. ¿Acaso Dios les da el Espíritu por cumplir la ley? ¿Acaso Dios hace milagros entre ustedes porque cumplen la ley? Dios les da el Espíritu y hace milagros porque escucharon la buena noticia de salvación y creyeron en ella.
No se emborrachen, porque así echarán a perder su vida, mejor llénense del Espíritu Santo.
En español, “lengua” puede referirse al órgano de la boca, pero también puede significar un idioma, como cuando decimos “lengua hebrea” o “lengua griega”. En cambio, “idioma” normalmente se refiere al lenguaje hablado por una persona o pueblo.
En estos pasajes, “lenguas” e “idiomas” traducen la palabra griega glōssa, que puede referirse a una lengua o a un idioma. En Hechos 2 el contexto muestra idiomas humanos reconocibles, porque personas de muchas naciones entendían el mensaje. En Hechos 10 el texto no enumera cuáles eran, por eso algunas traducciones conservan la palabra “lenguas”.
En el libro de Hechos vemos que el Espíritu Santo llega sobre diferentes personas en diferentes momentos. En Hechos 2 viene sobre los judíos en Jerusalén. En Hechos 8 viene sobre los samaritanos. En Hechos 10 viene sobre los gentiles en casa de Cornelio. En Hechos 19 viene sobre unos discípulos que solo conocían el bautismo de Juan.
Esto no significa que Dios estaba confundido ni que había muchas iglesias separadas. Hechos está narrando un momento de transición en la historia de la redención. El evangelio estaba saliendo de Jerusalén hacia Samaria y hasta lo último de la tierra, tal como Jesús dijo en Hechos 1:8.
Biblia: Hechos 1:8; Hechos 2; Hechos 8; Hechos 10; Hechos 19.
Jesús dijo a sus discípulos: “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Ese versículo nos da el mapa del libro de Hechos. Primero el evangelio llega a Jerusalén. Luego se extiende a Judea y Samaria. Después llega a los gentiles. Por eso el Espíritu Santo aparece en momentos claves: Dios está confirmando que el mismo evangelio y el mismo Espíritu son para todos los que creen.
Hechos no debe leerse como si cada caso fuera una fórmula exacta que siempre debe repetirse igual. A veces el Espíritu viene mientras se predica. A veces viene después de la imposición de manos. A veces hay lenguas. A veces el texto no menciona lenguas. La lección principal es que Dios está uniendo a todos los creyentes en una sola obra de Cristo.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 1:8; Hechos 2:1-4; Hechos 8:14-17; Hechos 10:44-48.
En Hechos 8, los samaritanos recibieron la palabra de Dios y fueron bautizados, pero el Espíritu Santo aún no había descendido sobre ellos de forma visible. Entonces Pedro y Juan fueron desde Jerusalén, oraron por ellos y les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.
Esto es importante por el contexto histórico. Los judíos y los samaritanos tenían una enemistad de siglos. Si los samaritanos hubieran recibido esa manifestación del Espíritu aparte de los apóstoles de Jerusalén, fácilmente se hubiera pensado que había dos iglesias: una judía y otra samaritana.
Pero Dios no permitió eso. Al retrasar esa manifestación hasta la llegada de Pedro y Juan, Dios hizo que los apóstoles fueran testigos de que los samaritanos también eran aceptados por Cristo. Así se guardó la unidad de la iglesia.
La imposición de manos en ese pasaje no fue un acto mágico. Fue una señal visible de comunión, reconocimiento y oración. Los apóstoles no estaban creando otra iglesia, sino reconociendo que los samaritanos pertenecían a la misma obra de Dios.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 8:14-17; Juan 4:9; Hechos 1:8.
En Hechos 10, Pedro predicaba en casa de Cornelio, y mientras hablaba, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Pedro no tuvo que imponer manos primero.
Esto también fue una confirmación clave. Cornelio era gentil. Los creyentes judíos necesitaban entender que Dios también estaba recibiendo a los gentiles por la fe en Cristo. Por eso Pedro después dijo: “Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros” (Hechos 11:17).
Este caso nos ayuda a mantener equilibrio. Dios puede usar la imposición de manos, pero no está limitado a ella. El Espíritu Santo es dado por Dios, no controlado por el hombre.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 10:44-48; Hechos 11:15-18.
En Hechos 19, Pablo encontró a unos discípulos en Éfeso y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando creyeron. Ellos respondieron que ni siquiera habían oído si había Espíritu Santo. Después se aclara que solo conocían el bautismo de Juan.
Pablo les explicó que Juan apuntaba a Cristo. Luego fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Después Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban.
Este pasaje no trata de creyentes cristianos maduros que simplemente necesitaban una segunda experiencia. Trata de personas que estaban incompletas en su entendimiento del evangelio, porque conocían el mensaje de Juan pero necesitaban ser dirigidas claramente a Cristo.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 19:1-7.
Sí, se puede orar e imponer manos bíblicamente. Hechos 8 muestra a Pedro y Juan imponiendo manos a los samaritanos. Hechos 9:17 muestra a Ananías imponiendo manos sobre Saulo para que recobrara la vista y fuera lleno del Espíritu Santo. Hechos 19 muestra a Pablo imponiendo manos sobre los discípulos de Éfeso.
La imposición de manos puede expresar varias cosas: oración, identificación, comunión, envío, bendición y reconocimiento de la obra de Dios. En estos casos de Hechos, también aparece ligada a recibir o ser lleno del Espíritu.
Por eso un creyente puede poner sus manos sobre alguien y orar: “Señor, llénalo de tu Espíritu; confirma tu obra en él; fortalécelo; guía su vida; produce fruto; dale poder para obedecerte y testificar de Cristo”.
Pero debemos decirlo bien: no es la mano la que da el Espíritu. No es la persona la que controla al Espíritu. Es Dios quien da el Espíritu conforme a su voluntad. La imposición de manos es un medio de oración y servicio, no una técnica para manejar el poder de Dios.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 8:14-17; Hechos 9:17; Hechos 19:6; 1 Corintios 12:11.
Primero, no debemos hacer una fórmula rígida. En Hechos 10 el Espíritu vino mientras Pedro predicaba, sin imposición de manos. En Hechos 8 vino después de la oración e imposición de manos. Dios no queda encerrado en un solo método.
Segundo, no debemos separar lo que la Escritura une. El Espíritu Santo no se recibe por emoción, presión humana o imitación de una manifestación. Pablo pregunta en Gálatas 3:2: “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” La respuesta es por la fe, no por una obra humana.
Tercero, no debemos medir todo por una manifestación visible. El Espíritu reparte dones como él quiere, y también produce fruto en el carácter. La evidencia de su obra no es solamente una experiencia fuerte, sino una vida que confiesa a Cristo, obedece la verdad y produce fruto.
Cuarto, debemos examinar todo. 1 Tesalonicenses 5:19-21 dice que no apaguemos al Espíritu, pero también dice que examinemos todo y retengamos lo bueno. Eso significa que debemos estar abiertos a la obra del Espíritu, pero también sujetos a la Escritura.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 10:44-48; Gálatas 3:2-5; 1 Corintios 12:11-13; Gálatas 5:22-23; 1 Tesalonicenses 5:19-21.
También conviene hablar con cuidado. Cuando una persona viene a Cristo, la promesa del Espíritu pertenece a los que se arrepienten y creen en el evangelio. Pedro dijo en Hechos 2:38-39 que recibirán el don del Espíritu Santo, y que la promesa es para ellos, para sus hijos y para todos los que el Señor llamare.
Pero la Biblia también habla de ser llenos del Espíritu. En Hechos 9:17, Ananías impuso manos sobre Saulo para que recobrara la vista y fuera lleno del Espíritu Santo. En Efesios 5:18, Pablo manda a los creyentes: “sed llenos del Espíritu”.
Entonces, cuando oramos por alguien imponiendo manos, podemos pedir dos cosas según el caso. Si es una persona que está creyendo en Cristo, pedimos que reciba la promesa de Dios por la fe. Si es un creyente, pedimos que sea lleno, fortalecido y guiado por el Espíritu para vivir y servir a Cristo.
Esto evita dos extremos. No negamos que Dios pueda usar la imposición de manos, pero tampoco decimos que alguien tiene poder propio para repartir al Espíritu como si fuera suyo.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 2:38-39; Hechos 9:17; Efesios 5:18; Gálatas 3:2.
La respuesta debe distinguir dos cosas. La obra del Espíritu Santo no terminó con los apóstoles. El Nuevo Testamento sigue hablando de creyentes llenos del Espíritu, guiados por el Espíritu, unidos al cuerpo de Cristo por el Espíritu y llamados a examinar todo sin apagar su obra.
Pero la etapa apostólica sí fue única. Hechos narra el avance inicial del evangelio desde Jerusalén hasta las naciones. En ese contexto, ciertas señales confirmaron públicamente que judíos, samaritanos y gentiles estaban siendo incorporados al mismo pueblo de Cristo. Por eso no debemos convertir cada caso de Hechos en una fórmula obligatoria para todos los creyentes.
Efesios 2:20 habla de la iglesia edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Cristo como la piedra principal. Un fundamento se coloca al inicio de la construcción; no se vuelve a poner en cada generación. Además, 2 Corintios 12:12 relaciona señales, milagros y maravillas con la demostración del apostolado de Pablo.
1 Corintios 13:8-12 enseña que las lenguas, la profecía y el conocimiento parcial no son eternos; algún día cesarán. Sin embargo, ese pasaje por sí solo no dice claramente: “cesaron exactamente cuando murieron los apóstoles”. Por eso la conclusión más cuidadosa es esta: las señales fundacionales de Hechos no son una norma repetible ni una evidencia obligatoria para todos, pero la iglesia sigue dependiendo del Espíritu Santo y debe examinar todo por la Escritura.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 1:8; Hechos 2:38-39; Hechos 8:14-17; Hechos 10:44-48; Hechos 19:1-7; 1 Corintios 12:11-13; 1 Corintios 13:8-12; 2 Corintios 12:12; Efesios 2:20; Efesios 5:18; Hebreos 2:3-4; 1 Tesalonicenses 5:19-21.
Recursos consultados: The Expositor’s Greek Testament sobre 2 Corintios 12:12 y el oficio apostólico; léxicos griegos Souter y Thayer para el uso de glōssa y katargeō.
La Biblia no nos manda vivir cerrados a la obra del Espíritu Santo. 1 Tesalonicenses 5:19-21 dice: “No detengan la obra del Espíritu. No desprecien las profecías. Examinen todo y quédense con lo bueno”. El equilibrio bíblico está en esas dos ideas: no apagar, pero examinar.
Esto significa que no debemos burlarnos de todo lo espiritual ni rechazarlo automáticamente. Pero tampoco debemos aceptar cualquier experiencia solo porque alguien diga que viene de Dios. 1 Juan 4:1 manda probar los espíritus, porque no todo lo que se presenta como espiritual viene realmente de Dios.
La prueba principal no es la emoción, el volumen, la impresión del momento ni la autoridad del predicador. La prueba principal es la Escritura: si exalta a Cristo, si concuerda con el evangelio, si produce fruto santo, si edifica a la iglesia y si no contradice la Palabra de Dios.
Fuentes de este puntoBiblia: 1 Tesalonicenses 5:19-21; 1 Juan 4:1; Hechos 17:11; Gálatas 5:22-23; 1 Corintios 14:29.
Este estudio no busca apagar la oración ni volver fría la vida cristiana. Sí podemos pedir a Dios que nos llene de su Espíritu, porque Efesios 5:18 manda: “llénense del Espíritu Santo”. También podemos pedir valentía para testificar, como ocurrió en Hechos 4:31, donde los creyentes fueron llenos del Espíritu y hablaron la palabra de Dios con valor.
También podemos pedir fruto espiritual: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Eso es obra del Espíritu según Gálatas 5:22-23. Una vida llena del Espíritu no se mide solo por una manifestación visible, sino por un carácter rendido a Cristo.
Podemos pedir sabiduría, fortaleza, santidad, obediencia, consuelo, amor por la iglesia y capacidad para servir. 1 Pedro 4:10-11 enseña que cada creyente debe usar el don recibido para servir a los demás, de manera que Dios sea glorificado por medio de Jesucristo.
Fuentes de este puntoBiblia: Efesios 5:18; Hechos 4:31; Gálatas 5:22-23; Colosenses 1:9-10; 2 Timoteo 1:7; 1 Pedro 4:10-11.
En Hechos, las señales no aparecen para entretener a la iglesia ni para hacer famoso a un hombre. Sirven al avance del evangelio y al testimonio de Cristo. Por eso debemos tener cuidado cuando una reunión convierte la obra del Espíritu en presión, show, competencia espiritual o prueba de superioridad.
Hechos 8 muestra a Simón queriendo comprar autoridad espiritual para impartir el Espíritu. Pedro lo reprendió con fuerza, porque su corazón no estaba recto delante de Dios. Ese pasaje nos recuerda que el poder de Dios no se compra, no se manipula y no se usa para construir reputación personal.
1 Corintios 14 también pone límites claros: todo debe hacerse para edificación, con orden y no con confusión. Si una práctica produce desorden, orgullo, miedo, manipulación o dependencia de un líder, no refleja el propósito bíblico de los dones. El Espíritu Santo glorifica a Cristo y edifica a la iglesia, no alimenta el espectáculo humano.
Fuentes de este puntoBiblia: Hechos 8:18-23; 1 Corintios 12:7; 1 Corintios 14:26-33; 1 Corintios 14:40; Juan 16:14.
Conclusión
En Hechos, el Espíritu Santo llega en diferentes momentos porque el libro narra una etapa de transición: el evangelio pasa de los judíos a los samaritanos y luego a los gentiles. Dios estaba mostrando que no había varias iglesias separadas, sino un solo pueblo en Cristo.
La imposición de manos sí tiene base bíblica. Pedro y Juan la usaron en Samaria, Ananías la usó con Saulo, y Pablo la usó en Éfeso. Por eso un creyente puede orar por otro e imponer manos pidiendo que Dios lo llene del Espíritu Santo.
Pero la aplicación debe ser correcta: la imposición de manos no reemplaza la fe, no controla al Espíritu, no garantiza una manifestación específica y no debe convertirse en una fórmula. La etapa apostólica fue fundacional, pero la obra del Espíritu continúa. Por eso buscamos su llenura con oración, humildad, discernimiento, orden y sujeción a la Palabra.