Hechos 11: Lenguas, bautismo y una sola salvación
La señal que confirmó a los gentiles
Pentecostés no estableció que todo creyente deba hablar en lenguas. Inició una expansión que Dios confirmó de forma visible mientras el evangelio avanzaba desde Jerusalén hasta los gentiles.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
¿Fueron las lenguas requisito universal de salvación y enseña Hechos 2:38 que el agua perdona pecados? La respuesta debe considerar Pentecostés, Samaria, Cornelio y Éfeso dentro del avance histórico de un mismo evangelio.
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.
2 De repente vino del cielo un estruendo, como el de un viento recio, y llenó toda la casa donde estaban reunidos.
3 Se les aparecieron como lenguas de fuego que, repartidas, se posaban sobre cada uno de ellos.
4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les hacía expresarse.
1. Pentecostés no convirtió las lenguas en requisito universal
Hechos 2 afirma que el grupo reunido habló en otras lenguas. El capítulo no identifica individualmente a cada participante, pero sí muestra idiomas dados por el Espíritu y comprendidos por visitantes. Primera Corintios pregunta “¿hablan todos lenguas?” y espera una respuesta negativa. Un don distribuido según la voluntad del Espíritu no puede ser condición universal de salvación.
Lucas no deja la expresión sin explicación. Los oyentes preguntaron cómo podían escuchar a galileos en sus propias lenguas maternas y afirmaron que oían las maravillas de Dios. Por eso nuestra postura es que el milagro de Pentecostés consistió en idiomas con significado, hablados sobrenaturalmente por personas que no los habían aprendido.
Pentecostés era una fiesta judía celebrada cincuenta días después de la Pascua. Hechos 2 cuenta que, durante esa fiesta, el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos.
La multitud estuvo desconcertada por el origen imposible de esa capacidad, no porque el mensaje careciera de contenido. El asombro de Hechos 2 no debe confundirse con el desorden que Pablo prohíbe cuando nadie entiende o todos hablan a la vez.
27 Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro en particular.
28 Y a unos Dios les ha asignado un lugar en la Iglesia. En primer lugar los apóstoles, luego los profetas, en tercer lugar maestros, luego los que hacen milagros, después los que tienen dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 Sin embargo, procurad los dones mejores. Ahora yo os muestro un camino más excelente.
Pentecostés inauguró una etapa y confirmó públicamente el testimonio apostólico. No establece que todo creyente deba repetir las mismas señales. El mismo Espíritu produce diversos dones dentro de un solo cuerpo.
2. Dios manda arrepentirse y concede salvación por gracia
37 Oídas estas cosas y compungido su corazón, preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer?
38 Pedro les respondió: —Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús el Cristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 La promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos: es decir, para cuantos el Señor nuestro Dios llame.
40 Con otras muchas palabras daba testimonio y los exhortaba diciendo: —Poneos a salvo de esta perversa generación.
41 Los que aceptaron su palabra fueron bautizados. Aquel día se añadieron alrededor de tres mil personas.
Arrepentirse significa cambiar de mente y dirección ante Dios. Es una respuesta humana ordenada por él y, al mismo tiempo, un regalo de su gracia. Estas verdades no compiten: Dios llama realmente y transforma el corazón para responder.
30 Dios, que ha pasado por alto esos tiempos de ignorancia, ahora quiere que todos los seres humanos, en todas partes, se arrepientan
31 porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por medio de aquel hombre a quien designó y acreditó ante todos levantándole de entre los muertos.
3. El bautismo expresa la fe, pero el agua no compra el perdón
Hechos 2:38 une arrepentimiento, bautismo, perdón y don del Espíritu porque en la conversión apostólica la fe se confesaba públicamente mediante el bautismo. El agua no posee poder salvador independiente ni añade mérito a la obra de Cristo.
Cornelio recibió el Espíritu mientras oía y creía, antes de ser bautizado en agua. Hechos 15 explica que Dios purificó los corazones por la fe. El bautismo sigue siendo un mandato de Cristo para sus discípulos, pero testimonia la salvación recibida por gracia.
18 Jesús se acercó y les dijo: —Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
19 Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñadles a guardar todas las cosas que os he mandado. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
El contexto judío ayuda a comprender la fuerza pública del bautismo en Hechos 2, pero Jesús mandó hacer discípulos y bautizarlos entre todas las naciones. Por eso no podemos decir que el bautismo ya no corresponde a los gentiles.
La distinción correcta es esta: el bautismo no es condición que obliga a Dios a salvar, pero sí es una orden de Cristo para quien profesa fe. No debemos convertirlo en sacramento salvador ni tratarlo como una ceremonia opcional sin importancia.
34 Pedro, tomando la palabra, dijo: —Ahora comprendo verdaderamente que Dios no hace acepción de personas.
35 Él se agrada de todo aquel que le teme y hace justicia, sea de la nación que sea.
36 Dios envió a los hijos de Israel el anuncio del evangelio de la paz por medio de Jesucristo, que es Señor de todos.
37 Vosotros sabéis todo lo que sucedió por toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
39 Nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús, a quien mataron colgándole en un madero, hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén.
40 Dios lo resucitó al tercer día y permitió que muchos lo vieran,
41 pero no lo vio todo el pueblo, sino nosotros los que fuimos escogidos de antemano por Dios como testigos, y tuvimos ocasión de comer y beber con Jesús después que resucitó de entre los muertos.
42 Jesús nos mandó que predicáramos al pueblo y testificáramos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.
43 Acerca de él dicen todos los profetas que todos los que en él crean recibirán perdón de pecados por su nombre.
44 Todavía estaba Pedro hablando, cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje.
45 Los creyentes provenientes del judaísmo que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo,
46 pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios.
47 Entonces Pedro preguntó: —¿Puede negársele el agua del bautismo a estas personas que han recibido, como nosotros, el Espíritu Santo?
48 Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara con ellos algunos días más.
El orden de los acontecimientos en casa de Cornelio
Lucas permite observar con claridad qué ocurrió antes y qué ocurrió después.
7 Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: —Hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran.
8 Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio de que los aceptaba otorgándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros
9 Ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos. Purificó, por la fe, sus corazones.
10 Así pues, ¿por qué ponéis a prueba a Dios imponiendo sobre los discípulos una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
11 Lo que creemos es que, por la gracia del Señor Jesús, seremos salvos lo mismo que ellos.
Judíos y gentiles son salvos de la misma manera: por la gracia del Señor Jesús, mediante la fe. No existen dos evangelios ni una salvación por ceremonias para un grupo y por gracia para otro.
4. Las señales confirmaron que el mismo evangelio alcanzaba nuevos grupos
15 Cuando comencé a hablar, descendió el Espíritu Santo sobre ellos, como también lo hizo sobre nosotros al principio.
16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor: «Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo».
17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?
18 Los creyentes provenientes del judaísmo, oídas estas cosas, se calmaron y alabaron a Dios diciendo: —¡De manera que Dios también les ha concedido a los gentiles la oportunidad de arrepentirse para que tengan vida!
En casa de Cornelio, las lenguas permitieron a los creyentes judíos reconocer que Dios también había dado el Espíritu a gentiles. Hechos 11 interpreta el acontecimiento como el mismo don recibido al principio y como arrepentimiento para vida concedido por Dios.
8 Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.
Hechos 1:8 anticipa el avance desde Jerusalén y Judea hacia Samaria y las naciones. En Samaria, la recepción visible mediante los apóstoles protegió la unidad entre pueblos históricamente separados. En Éfeso, discípulos que solo conocían el bautismo de Juan necesitaban oír que el Mesías ya había venido. Estas escenas de transición no forman una receta idéntica para cada conversión.
12 Pero cuando Felipe les anunció el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, hombres y mujeres creyeron y se bautizaron.
13 También creyó el mismo Simón, quien después de bautizarse acompañaba siempre a Felipe y se asombraba de ver las señales y grandes milagros que este realizaba.
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan.
15 Y al llegar oraron por los samaritanos para que recibieran el Espíritu Santo,
16 pues aún no había descendido sobre ninguno de ellos; solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
17 Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Hebreos 2 recuerda que Dios confirmó el mensaje anunciado por el Señor y sus testigos mediante señales y dones. La función confirmatoria ayuda a entender por qué Lucas destaca ciertos momentos decisivos de expansión.
1 Por tanto, es necesario que prestemos más atención a las cosas que hemos oído, no sea que nos extraviemos.
2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo,
3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primero por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron.
4 Dios mismo ha dado testimonio de ella a través de señales, prodigios, diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu Santo según su voluntad.
Ana movía los labios mientras oraba en silencio; Primera Samuel 1 no describe lenguas angelicales. Deuteronomio 28 e Isaías 28 muestran que una lengua extranjera podía acompañar juicio, trasfondo que Pablo usa en Primera Corintios 14. “Todos los que están lejos” en Hechos 2:39 abarca a quienes Dios llama, incluidos después los gentiles, sin crear otro evangelio. La advertencia a aquella generación y la blasfemia contra el Espíritu deben leerse en sus propios contextos; no son códigos para inventar dos salvaciones o dos destrucciones de Israel.
5. La continuidad de los dones no altera la salvación
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías cesarán, desaparecerán las lenguas y el conocimiento se acabará.
9 Porque en parte conocemos y en parte profetizamos;
10 pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando me hice un hombre, dejé lo que era de niño.
12 Ahora vemos de forma borrosa, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.
Primera Corintios 13 promete que las profecías cesarán, que las lenguas desaparecerán y que el conocimiento se acabará. El pasaje no fija la fecha ni declara que eso ya ocurrió.
Esta enseñanza adopta una postura continuista moderada. Continuista significa que los dones del Espíritu siguen dándose hoy, porque la Escritura no señala una fecha en la que dejaran de repartirse. Moderada significa que esos dones quedan sujetos a la Escritura y nunca comparten la autoridad que Dios dio a los apóstoles.
De ahí salen cuatro límites que sostenemos con firmeza:
Primero, ninguna profecía, impresión, sueño ni lengua añade, corrige o reemplaza lo que Dios ya dijo en la Escritura.
Segundo, el fundamento apostólico se puso una sola vez. Nadie vuelve a colocarlo y ningún don de hoy tiene autoridad fundacional.
Tercero, nadie administra un don a voluntad. El Espíritu reparte a cada uno como él quiere, y la insistencia humana no lo obliga.
Cuarto, todo don se somete al orden, la interpretación y la evaluación que Pablo mandó. Ninguno mide la salvación ni la espiritualidad de una persona.
Nada de esto cambia la salvación. Las lenguas de Pentecostés, Samaria, Cornelio y Éfeso confirmaron que el mismo evangelio alcanzaba nuevos grupos. Ni su presencia ni su ausencia añade o quita algo a la obra de Cristo. Quien cree es salvo por gracia mediante la fe, tenga o no un don visible.
Distinguir los niveles de certeza permite conservar la enseñanza sin presentar cada explicación como una frase explícita de Lucas.
En Pentecostés hubo otras lenguas; en Corinto no todos tenían ese don; Cornelio recibió el Espíritu antes del agua.
La salvación es por gracia mediante la fe; el bautismo la confiesa, pero no la causa.
El retraso en Samaria protegió la unidad bajo el fundamento apostólico.
Joel y Mateo 24 tendrán una consumación futura relacionada con Israel y el regreso de Cristo.
Las lenguas confirmaron la entrada de nuevos grupos y nunca fueron experiencia requerida para todos los creyentes. Siguen sujetas a la Escritura, al orden y a la interpretación.
Hechos no fija un calendario de cesación ni autoriza dos evangelios de salvación. Tampoco convierte una señal en requisito.
6. Un mismo Espíritu confirma una misma salvación
La diversidad de escenas en Hechos protege la unidad del evangelio.
La purificación del corazón ocurre por gracia mediante la fe.
El creyente confiesa públicamente a Cristo sin atribuir poder salvador al agua.
El Espíritu distribuye dones y no convierte las lenguas en requisito universal.
Judíos, samaritanos y gentiles reciben al mismo Cristo y al mismo Espíritu.
Textos principales: Hechos 2:1-4, 37-41; 8:12-17; 10:34-48; 11:15-18; 15:7-11; 19:1-7; 1 Corintios 12:27-31; Efesios 2:11-18. También se consideraron Deuteronomio 28, 1 Samuel 1, Hebreos 2:1-4 y 1 Corintios 13:8-12. Las fuentes lingüísticas y exegéticas consultadas permanecen subordinadas a la Escritura.
Un mismo Espíritu confirmó una misma salvación
Hechos no presenta las lenguas como requisito universal ni el bautismo como una obra que compra el perdón. Dios manda arrepentirse, salva por gracia mediante la fe y ordena el bautismo como confesión pública de quienes pertenecen a Cristo.
Las señales de Pentecostés, Samaria, Cornelio y Éfeso acompañaron momentos decisivos en la expansión del evangelio. Confirmaron que judíos, samaritanos y gentiles reciben al mismo Señor y al mismo Espíritu. Ninguna experiencia crea una segunda clase de cristianos: existe un solo pueblo purificado por la fe en Jesucristo.