Hechos 12: La naturaleza y el propósito de las lenguas
Dones diversos, orden y entendimiento
El Espíritu no entregó el mismo don a todos. Cuando las lenguas operaban en la iglesia debían comunicar significado, estar bajo control, usarse por turno y ser interpretadas para que otros recibieran edificación.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
¿Qué eran las lenguas, quiénes las recibían y para qué servían? El Nuevo Testamento las presenta como idiomas con significado, distribuidos soberanamente por el Espíritu, regulados para edificar y relacionados con una señal dentro de la misión apostólica.
Esta enseñanza sostiene que el Espíritu sigue repartiendo dones hoy, siempre sujetos a la Escritura y al orden que Pablo mandó. El punto 5 explica esa postura.
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para que sea útil.
8 A uno, el Espíritu le da palabra de sabiduría, mientras que a otro, el mismo Espíritu le da palabra de conocimiento;
9 a otro, el mismo Espíritu le da fe, y a otro, el mismo Espíritu le da dones de sanidades.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, que reparte a cada uno en particular como él quiere.
12 Porque del mismo modo que el cuerpo es una unidad, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, forman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo.
13 Porque todos, judíos o griegos, esclavos o libres, somos bautizados por un solo Espíritu en un cuerpo, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
El Espíritu decide la distribución de los dones
Pablo combina diversidad de funciones con unidad espiritual.
1. El Espíritu distribuye los dones y une a todo creyente a Cristo
13 En él también vosotros, que habíais oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habíais creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.
14 Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Todo creyente recibe al Espíritu al oír y creer el evangelio. El bautismo del Espíritu lo incorpora al cuerpo de Cristo; no depende de hablar en lenguas. Dentro de ese único cuerpo, el Espíritu distribuye diversos dones para el bien común según su voluntad.
2. No todos hablaban en lenguas
27 Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro en particular.
28 Y a unos Dios les ha asignado un lugar en la Iglesia. En primer lugar los apóstoles, luego los profetas, en tercer lugar maestros, luego los que hacen milagros, después los que tienen dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 Sin embargo, procurad los dones mejores. Ahora yo os muestro un camino más excelente.
Las preguntas de Primera Corintios 12 esperan una respuesta negativa: no todos son apóstoles, maestros o hacedores de milagros, y no todos hablan lenguas. Por eso el don no puede ser prueba obligatoria de salvación o de una espiritualidad superior.
Pablo podía animar a procurar dones útiles sin prometer que todos recibirían el mismo. Procurar no significa fabricar una experiencia, imitar sonidos o presionar a otros. El Espíritu decide y la congregación evalúa el uso por su capacidad de edificar.
1 Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo profetizad.
2 El que habla en lenguas no habla a los seres humanos, sino a Dios, pues nadie lo entiende, aunque por el Espíritu dice cosas misteriosas.
3 Pero el que profetiza habla a los seres humanos para edificación, exhortación y consuelo.
4 El que habla en lengua extraña, se edifica a sí mismo; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
5 Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas, pero más aún que profetizarais, porque es más útil el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.
Una lengua interpretada podía edificar porque la Iglesia recibía un mensaje entendible. Sin intérprete, el hablante debía callar públicamente. El orden apostólico protege la comprensión y evita convertir la reunión en una competencia de experiencias.
3. Una lengua debía comunicar significado e interpretarse
9 Pues también ocurre así con vosotros. Si al hablar en lenguas no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Eso sería como si hablarais al aire.
10 En el mundo, por ejemplo, hay gran diversidad de idiomas, y ninguno de ellos carece de significado.
11 Pero si yo ignoro ese idioma, seré como un extranjero para el que habla, y el que habla será como un extranjero para mí.
12 Del mismo modo, vosotros, ya que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia.
13 Por lo tanto, el que hable en lenguas, que pida en oración poder interpretarla.
14 Porque si yo oro en lenguas, es mi espíritu el que ora, pero mi entendimiento se queda sin fruto.
15 Entonces, ¿qué debo hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
16 Porque si alabas a Dios solo con el espíritu, el que asiste pero carece de toda instrucción, ¿cómo dirá «Amén» a tu acción de gracias?, pues no sabe lo que has dicho.
17 Es cierto que tu acción de gracias puede estar muy bien, pero el otro no es edificado.
18 Doy gracias a Dios de que hablo en lenguas más que todos vosotros;
19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para poder enseñar también a los demás, que diez mil palabras en lenguas.
Pablo compara las lenguas con instrumentos e idiomas: si el sonido no se distingue, nadie entiende el mensaje. Ningún idioma carece de significado, pero quien desconoce la lengua se siente extranjero. En la congregación, la interpretación hacía comprensible el contenido y permitía edificar.
4. Las lenguas funcionaron como señal dentro de la misión apostólica
20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar. Sed niños en cuanto a la malicia pero maduros en cuanto al modo de pensar.
21 En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.
22 Así que las lenguas son una señal, no para los creyentes, sino para los incrédulos. En cambio, la profecía no es una señal para los incrédulos, sino para los creyentes.
23 Imaginad que se reúne toda la iglesia en un mismo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran personas carentes de toda instrucción o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?
24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o alguien que carece de toda instrucción, será convencido y juzgado por todos;
25 lo oculto de su corazón se hará manifiesto; y así, se postrará sobre el rostro, adorará a Dios, y declarará que verdaderamente Dios está entre vosotros.
26 Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Pues que cuando os reunáis, cada uno de vosotros puede tener un salmo, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación; pero todo debéis hacerlo para edificación.
27 Si alguien habla en lenguas, que sean dos o a lo más tres, y por turno; pero que uno interprete.
28 Y si no hay intérprete, que calle en la iglesia, y que hable para sí mismo y para Dios.
Pablo relacionó las lenguas con Isaías 28, donde una lengua extranjera advertía a quienes no escuchaban. Esto explica que las lenguas también servían como señal y como advertencia de juicio. No significa que toda lengua siempre alejara al incrédulo: el mismo capítulo muestra que el uso desordenado causa confusión, mientras la palabra entendible puede descubrir el corazón.
La profecía en este contexto comunica verdad comprensible. Si todos hablan sin interpretación, el visitante puede pensar que están locos; si oye una palabra clara, puede ser confrontado y adorar a Dios. El propósito congregacional es edificación, no espectáculo.
19 Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios,
20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, cuya principal piedra angular es Jesucristo mismo.
21 En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.
22 En Cristo vosotros también sois edificados en unión con él para ser la morada de Dios por medio del Espíritu Santo.
Los primeros creyentes compartieron bienes para atender necesidades; Hechos no dice que vendieran todo por calcular una fecha del reino. El griego común, las rutas y la relativa estabilidad romana facilitaron viajes y comunicación, pero el método misionero normal siguió siendo aprender y anunciar un mensaje entendible. El pentecostalismo moderno reúne movimientos diversos y no debe describirse como si todos enseñaran exactamente lo mismo. Estas observaciones aportan contexto, pero la doctrina del don debe construirse con los textos apostólicos.
5. Nuestra postura: los dones continúan, sujetos a la Escritura
Las lenguas cumplieron una función especial mientras se establecía el fundamento apostólico. Autenticaron el mensaje y señalaron la incorporación de nuevos grupos. No eran balbuceos sin significado ni una capacidad universal.
Esta enseñanza adopta una postura continuista moderada. Continuista significa que los dones del Espíritu siguen dándose hoy, porque la Escritura no señala una fecha en la que dejaran de repartirse. Moderada significa que esos dones quedan sujetos a la Escritura y nunca comparten la autoridad que Dios dio a los apóstoles.
De ahí salen cuatro límites que sostenemos con firmeza:
Primero, ninguna profecía, impresión, sueño ni lengua añade, corrige o reemplaza lo que Dios ya dijo en la Escritura.
Segundo, el fundamento apostólico se puso una sola vez. Nadie vuelve a colocarlo y ningún don de hoy tiene autoridad fundacional.
Tercero, nadie administra un don a voluntad. El Espíritu reparte a cada uno como él quiere, y la insistencia humana no lo obliga.
Cuarto, todo don se somete al orden, la interpretación y la evaluación que Pablo mandó. Ninguno mide la salvación ni la espiritualidad de una persona.
Primera Corintios 13 afirma que las lenguas desaparecerán, pero no dice cuándo. Por eso no derivamos de una frase aislada la conclusión de que ya cesaron. Preferimos sostener lo que el texto sostiene: fueron distribuidas por el Espíritu, exigían significado e interpretación, y nunca midieron la salvación de nadie.
La sesión reúne Biblia, historia y práctica congregacional. Conviene separar lo que el texto afirma de la postura que esta enseñanza adopta.
Las lenguas bíblicas comunicaban significado y no eran sonidos aprendidos mediante imitación.
El Espíritu las concedía a algunos, mientras todos los creyentes pertenecían al mismo cuerpo.
Dos o tres, por turno, con interpretación y silencio cuando no hubiera intérprete.
Servían como señal y, al interpretarse, podían edificar a la congregación.
No sustituyeron el aprendizaje de idiomas ni la predicación comprensible del evangelio.
El Espíritu sigue repartiendo dones, pero ninguno añade revelación, repite el fundamento apostólico ni se exige como evidencia de salvación.
6. La Iglesia busca verdad, comprensión y edificación
Los principios apostólicos siguen orientando toda práctica congregacional.
La salvación y el Espíritu no dependen de recibir un don particular.
La verdad debe poder entenderse para edificar.
Quien no tiene interpretación guarda silencio en la reunión.
Los dones sirven al evangelio y al cuerpo, no al prestigio personal.
Textos principales: Hechos 2:5-11; Romanos 10:14-17; 1 Corintios 12:7-13, 27-31; 14:1-28; Efesios 1:13-14; 2:19-22. Como contexto se consideraron Hechos 2:42-47 y datos históricos sobre el griego común y los viajes del primer siglo. The Greek New Testament: SBL Edition, The Expositor’s Greek Testament y Biblical Hermeneutics se usaron como ayudas subordinadas a la Escritura.
El Espíritu edifica mediante verdad entendible y ordenada
Las lenguas bíblicas comunicaban significado, no eran un requisito universal y debían interpretarse para edificar a la congregación. El Espíritu reparte los dones según su voluntad y todo creyente queda unido a Cristo por el mismo Espíritu al creer.
Esta enseñanza sostiene que el Espíritu sigue repartiendo dones, siempre bajo la Escritura, sin autoridad fundacional y sujetos al orden apostólico. Los datos históricos y modernos ayudan a ubicar la discusión, pero no gobiernan el texto.
La aplicación permanente es clara: anunciar a Cristo con verdad comprensible, servir al bien común y rechazar toda presión o desorden que convierta un don en medida de salvación.