Hechos 3: el fin de los tiempos y la misión de la Iglesia
Esta tercera enseñanza de la serie continúa en Hechos 1:6-11. Los discípulos preguntaron cuándo sería restaurado el reino; Jesús dejó los tiempos bajo la autoridad del Padre y dirigió su atención hacia la misión. Estudiaremos cómo esperar el regreso de Cristo sin alarmismo, cómo vivir con responsabilidad y para qué capacita el Espíritu Santo a la Iglesia.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
Hechos 1:6-11 une la esperanza del reino, la autoridad del Padre sobre los tiempos, la misión de la Iglesia, la ascensión y el regreso de Cristo. La pregunta central es cómo vivir fielmente mientras esperamos.
Escatología: estudio bíblico de los acontecimientos finales. Ascensión: momento en que Jesús fue llevado al cielo ante sus discípulos. Inferencia: conclusión razonable basada en el texto, aunque el texto no la diga expresamente.
6 Quienes estaban con él reunidos le preguntaron: —Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
7 Respondió Jesús: —No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones. Son potestad exclusiva del Padre.
8 Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.
9 Habiendo dicho esto y a la vista de todos ellos, fue elevado a las alturas y una nube le ocultó a sus ojos.
10 Mientras ellos contemplaban su ascensión, se pusieron a su lado dos hombres con vestiduras blancas
11 y les dijeron: —Galileos, ¿qué hacéis ahí parados, mirando atentamente al cielo? Este Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá del mismo modo como le habéis visto ir.
Idea central de la enseñanza
Jesús no satisfizo la curiosidad de sus discípulos acerca del calendario final. Puso los tiempos en manos del Padre y entregó a la Iglesia una misión para el presente.
1. Los tiempos pertenecen al Padre
Los discípulos preguntaron cuándo sería restaurado el reino a Israel. Jesús no declaró que toda su expectativa fuera equivocada ni resolvió aquí cada debate sobre Israel, la Iglesia o el milenio. Respondió que no les correspondía conocer los tiempos que el Padre había reservado bajo su autoridad.
Lo claro es suficiente: Dios cumplirá su plan, pero la Iglesia no recibió autoridad para fijar fechas. Los detalles debatidos deben estudiarse con toda la Escritura y presentarse como interpretaciones, no como si fueran afirmaciones explícitas de este pasaje.
Guerras, crisis, epidemias y fenómenos naturales son realidades serias, pero una noticia aislada no autoriza a anunciar que una profecía específica acaba de cumplirse. Jesús advirtió contra quienes dirían que “el tiempo está cerca”.
Cuando falla una fecha, no falla la Escritura: falla el cálculo humano. La profecía debe leerse en su contexto histórico, literario y bíblico completo. La esperanza produce preparación, no miedo ni dependencia de supuestos expertos.
8 Él respondió: —Cuidado, no os dejéis engañar. Vendrán muchos en mi nombre y dirán: «Yo soy el Cristo y el momento ha llegado». Pero no les hagáis caso.
9 Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os asustéis, porque es necesario que primero acontezcan estas cosas, pero todavía no será inminente el fin.
Textos principales: Hechos 1:6-7; Deuteronomio 29:29; Lucas 21:8-9; 2 Tesalonicenses 2:1-3. The Greek New Testament: SBL Edition y The Expositor’s Greek Testament ayudan a comprobar “tiempos” y “ocasiones”; el contexto establece el énfasis en la autoridad del Padre.
2. El Espíritu da poder para ser testigos
El “pero” de Hechos 1:8 cambia la atención del calendario a la misión. Los discípulos no debían dominar fechas; debían recibir poder y anunciar al Cristo resucitado.
El Espíritu también santifica, consuela, guía y distribuye dones, pero aquí el propósito específico es el testimonio. Nosotros vivimos después de Pentecostés: quien cree en Cristo recibe el Espíritu. No esperamos una nueva inauguración, aunque seguimos dependiendo de él para obedecer y hablar de Cristo con valor.
El testimonio avanza desde Jerusalén y Judea hacia Samaria y las naciones. El mapa geográfico expresa una misión centrada en Cristo, sostenida por el Espíritu.
La misión comienza donde estaban los discípulos.
- Testimonio público de la resurrección
- Nacimiento de la comunidad en Pentecostés
El mensaje se extiende más allá de la ciudad.
- Persecución y dispersión
- Crecimiento del testimonio
El evangelio alcanza a un pueblo despreciado por muchos judíos.
- Una misma buena noticia
- Unidad producida por Dios
La misión se abre a los gentiles y continúa más allá del relato de Hechos.
En este estudio, la palabra gentiles se refiere a las personas que no pertenecían al pueblo judío.
- Cristo para todos los pueblos
- La Iglesia sigue participando hoy
Dar testimonio incluye una vida coherente, pero no puede reducirse a buen comportamiento. La fe viene por oír la palabra de Cristo. La Iglesia sirve, ama y vive con integridad mientras explica con palabras quién es Jesús y qué hizo para salvar.
13 ya que todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo.
14 Pero ¿cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian buenas noticias!
16 Pero no todos obedecieron al evangelio, pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17 Así que la fe proviene del oír, de escuchar la palabra de Dios.
3. El Cristo ascendido volverá de manera real y visible
Jesús fue levantado ante los discípulos y una nube lo ocultó. La ascensión confirma su exaltación y el cierre de sus apariciones ordinarias antes de Pentecostés. Él reina a la diestra del Padre e intercede por su pueblo.
Los ángeles prometieron que volverá de la misma manera en que lo vieron ir. La afirmación necesaria es que su regreso será personal, real y visible. Algunos detalles sobre el monte de los Olivos y el orden de los acontecimientos se interpretan de formas distintas; no deben recibir la misma certeza que la promesa explícita del regreso.
¡Mirad! ¡Viene en las nubes! Todos lo verán, incluso los que lo traspasaron; y todos los pueblos de la tierra se lamentarán por él. Sí, amén.
Las diferencias sobre detalles futuros no eliminan las afirmaciones centrales de la esperanza cristiana.
La historia avanza hacia el regreso del mismo Jesús que ascendió.
No se reduce a una experiencia interior ni a una metáfora del progreso humano.
Dios hará justicia y el último enemigo, la muerte, será destruido.
La esperanza termina en la presencia de Dios, la justicia y la nueva creación.
Velamos y estamos preparados precisamente porque no dominamos el calendario.
Mientras esperamos, anunciamos a Cristo y vivimos de manera santa y responsable.
4. Esperamos con tranquilidad, trabajo y santidad
Pablo no quería que los creyentes fueran sacudidos por mensajes alarmistas. Esperar a Cristo nunca autoriza a abandonar responsabilidades ni a vivir a costa de otros por decisión propia.
La esperanza cristiana se ve en una vida tranquila, trabajo honrado, servicio, santidad y perseverancia. Si Cristo volviera pronto, seguiríamos amando a nuestra familia, haciendo el bien y anunciando el evangelio. Vivimos preparados precisamente porque no conocemos el día.
9 Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros.
10 Y así lo hacéis ya con todos los hermanos que están por toda Macedonia. No obstante hermanos os rogamos que crezcáis aún más.
11 Procurad vivir tranquilos, ocupaos en vuestros negocios y trabajad con vuestras manos de la manera que os hemos mandado,
12 para que os conduzcáis honradamente con los de afuera y no tengáis necesidad de nada.
La espera fiel se reconoce en responsabilidades ordinarias.
No permitir que cada noticia controle nuestra paz o nuestra fe.
Cumplir honradamente nuestras responsabilidades y evitar ser una carga por decisión propia.
Servir, cuidar a la familia, ayudar al necesitado y perseverar en obediencia.
Vivir de manera coherente delante de quienes todavía no creen.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. En ese día los cielos desaparecerán en medio de un gran estruendo, los elementos del mundo arderán y serán reducidos a cenizas, y la tierra, junto con todo lo que hay en ella, será quemada.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas, conviene que vuestra manera de vivir sea santa y piadosa, 12 mientras esperáis con ansias la venida del día de Dios. Ese día, los cielos arderán y serán destruidos, y los elementos se derretirán por el calor del fuego.
13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales habita la justicia.
14 Por eso, amados, mientras esperáis que estas cosas sucedan, haced todo lo posible para ser hallados en paz, intachables e irreprensibles.
Conclusión para reflexionar
Jesús dejó los tiempos bajo la autoridad del Padre y dirigió a sus discípulos hacia la misión. El Espíritu les daría poder para anunciar al Cristo resucitado desde Jerusalén hasta las naciones.
El mismo Jesús que ascendió volverá de forma real y visible. Mientras esperamos, rechazamos fechas y alarmismo, vivimos con santidad y responsabilidad, y damos testimonio de Cristo con palabras y conducta.