Hechos 6: bautismo, llenura y obra del Espíritu Santo
Cómo el Espíritu une, transforma y capacita a la Iglesia
Hechos 2 no presenta al Espíritu Santo como una fuerza que produce descontrol. Lo presenta cumpliendo la promesa de Dios, uniendo a los creyentes con Cristo, capacitándolos para anunciar el evangelio y formando en ellos el carácter de Jesús.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
¿Qué ocurrió en Pentecostés y cómo se relaciona con los creyentes de hoy? Para responder debemos distinguir el acontecimiento histórico, el bautismo que une al creyente con Cristo y la llenura que dirige su vida.
Cuatro ideas que organizan el estudio
Estas ideas evitan que concentremos toda la atención en una sola señal de Hechos 2.
1. Pentecostés inauguró una nueva etapa de la promesa
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.
2 De repente vino del cielo un estruendo, como el de un viento recio, y llenó toda la casa donde estaban reunidos.
3 Se les aparecieron como lenguas de fuego que, repartidas, se posaban sobre cada uno de ellos.
4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les hacía expresarse.
Pentecostés era la Fiesta de las Semanas, celebrada cincuenta días después de la Pascua. Dios eligió ese día para derramar públicamente el Espíritu prometido sobre los discípulos y capacitar su testimonio.
El sonido como viento, las apariencias como fuego y las lenguas fueron señales de ese comienzo histórico. Las lenguas comunicaron las maravillas de Dios en idiomas reconocidos; no reemplazaron el mensaje acerca de Cristo. Hechos narra después cómo el mismo evangelio alcanzó a samaritanos y gentiles, confirmando que todos los creyentes forman un solo pueblo.
5 Vivían entonces en Jerusalén judíos piadosos provenientes de todas las naciones existentes bajo el cielo.
6 Al oír este estruendo, se juntó la multitud. Estaban confusos, porque cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua.
7 Atónitos y maravillados, se decían: —Mirad, ¿no son galileos todos los que hablan?
8 ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar a cada uno de ellos en nuestra lengua materna?
9 Partos, medos, elamitas y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
10 en Frigia y en Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
11 cretenses y árabes. Todos los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
La señal fue comprensible y sirvió a la proclamación. No se presenta como una experiencia obligatoria para demostrar que cada creyente recibió al Espíritu. El propósito visible era confirmar la llegada prometida del Espíritu y la expansión del evangelio.
2. Bautismo y llenura no significan lo mismo
El bautismo del Espíritu incorpora al creyente al cuerpo de Cristo. Primera Corintios 12:13 dice que todos fueron bautizados por un Espíritu en un cuerpo. No crea una categoría superior de cristianos ni debe buscarse repetidamente como una segunda salvación.
La llenura describe una vida dirigida por el Espíritu y puede renovarse. Hechos presenta a personas ya creyentes que vuelven a ser llenas para hablar con valor. El bautismo explica nuestra incorporación; la llenura, cómo vivimos y servimos bajo su dirección.
La diferencia en palabras sencillas
La distinción evita confundir pertenencia a Cristo con madurez o una emoción momentánea.
12 Porque del mismo modo que el cuerpo es una unidad, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, forman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo.
13 Porque todos, judíos o griegos, esclavos o libres, somos bautizados por un solo Espíritu en un cuerpo, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
Quien cree el evangelio recibe al Espíritu y queda unido a Cristo y a su pueblo. El Nuevo Testamento habla de un cuerpo y un bautismo. Esta enseñanza adopta la conclusión de que el bautismo del Espíritu acompaña la conversión, no una experiencia posterior reservada para algunos.
4 Hay un cuerpo y un Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la cual fuisteis llamados, según la vocación que habéis recibido.
5 Hay un Señor, una fe, un bautismo,
6 un Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, actúa por medio de todos y está en todos.
3. La llenura se reconoce por una vida dirigida y ordenada
18 No os embriaguéis con vino, lo cual lleva al desenfreno; llenaos, más bien, del Espíritu.
19 Hablad entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.
20 Dad siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
21 Someteos unos a otros, por respeto a Dios.
Efesios 5 contrasta la embriaguez, que entrega el control, con la llenura del Espíritu, que produce adoración, gratitud y servicio mutuo. No significa recibir una cantidad mayor del Espíritu, sino permitir que su verdad gobierne nuestras decisiones.
Gálatas 5 relaciona su obra con amor, paciencia, dominio propio y lucha contra el pecado. Primera Corintios 14 añade comprensión, edificación y orden. La emoción puede acompañar la experiencia cristiana, pero el descontrol no es prueba automática de la obra de Dios.
31 Cuando terminaron de orar, el lugar en que estaban congregados tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban con valentía la palabra de Dios.
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17 Porque el deseo de la carne es contrario al Espíritu y el del Espíritu es contrario a la carne; y estos deseos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais.
18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19 Las obras de la carne son fáciles de reconocer, y son: adulterio, inmoralidad sexual, inmundicia, lujuria,
20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías,
21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. En cuanto a esto, os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
22 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza. Contra estas cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
El fruto no compra la salvación; muestra la obra transformadora de Dios. Una experiencia que exalta a la persona, desprecia la verdad o produce desorden debe ser examinada, aunque parezca poderosa.
26 Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Pues que cuando os reunáis, cada uno de vosotros puede tener un salmo, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación; pero todo debéis hacerlo para edificación.
27 Si alguien habla en lenguas, que sean dos o a lo más tres, y por turno; pero que uno interprete.
28 Y si no hay intérprete, que calle en la iglesia, y que hable para sí mismo y para Dios.
29 En cuanto a los profetas que hablen dos o tres, y que los demás juzguen lo dicho.
30 Y si alguien que está sentado recibe una revelación, que calle el primero.
31 Así podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.
32 El don de profecía debe estar bajo el control de los profetas,
33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias cristianas,
39 Así que, hermanos, procurad profetizar y no impidáis que se hable en lenguas;
40 pero que todo se haga decentemente y con orden.
4. El Espíritu salva, transforma y capacita para servir
El Nuevo Testamento describe una obra amplia del Espíritu. Estas categorías se relacionan entre sí y ayudan a no reducir su presencia a una sola manifestación visible.
Siete obras resumen cómo el Espíritu aplica la salvación y equipa a la Iglesia.
El Espíritu expone el pecado y muestra la necesidad de Cristo.
El Espíritu da vida nueva a quien estaba espiritualmente muerto.
El Espíritu habita en todo creyente verdadero.
El Espíritu incorpora al creyente al cuerpo de Cristo.
El Espíritu identifica al creyente como propiedad de Dios y asegura su herencia.
El Espíritu transforma progresivamente el carácter del creyente.
El Espíritu da dones y fuerza para servir y anunciar a Cristo.
7 Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya. Porque si yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré.
8 Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
10 de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más;
11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
Convence de pecado mostrando nuestra verdadera condición y necesidad de Cristo. No es simple culpa emocional, sino una obra que conduce a reconocer la verdad.
4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con la humanidad,
5 nos salvó, no en virtud de obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia. Y lo ha hecho por medio del lavamiento que nos permite nacer de nuevo y por la renovación del Espíritu Santo,
6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador,
7 para que, justificados por su gracia, tengamos la esperanza de ser herederos de la vida eterna.
Regenerar significa dar vida espiritual. Dios salva por misericordia y produce un nuevo nacimiento que ninguna actividad religiosa puede fabricar.
9 Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, pues el Espíritu de Dios habita en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
10 Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo en realidad está muerto a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia.
11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús habita en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros.
El Espíritu habita en todo aquel que pertenece a Cristo. Su morada no depende de alcanzar una categoría especial de espiritualidad.
13 En él también vosotros, que habíais oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habíais creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.
14 Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
El sello identifica al creyente como propiedad de Dios y el Espíritu es garantía de la herencia prometida. Esta seguridad impulsa a obedecer, no a vivir con indiferencia.
13 Pero nosotros siempre debemos dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.
14 A esto os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Santificar es transformar progresivamente al creyente para vivir como Cristo. El Espíritu usa la Palabra, la comunidad, la corrección y las pruebas mientras nosotros respondemos en obediencia.
4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
6 Y hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios, el que hace todo en todos.
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para que sea útil.
El Espíritu distribuye dones para el bien común. Ministerio significa servicio: las capacidades no son títulos para lucirse, sino recursos para edificar y anunciar a Cristo.
La Iglesia que depende del Espíritu une verdad, carácter y servicio.
El poder prometido sirve al testimonio del evangelio.
La madurez se reconoce en santidad, amor y dominio propio.
Los dones se reciben para la utilidad común, no para prestigio.
La obra del Espíritu edifica y no convierte la confusión en una virtud.
Textos principales: Hechos 2:1-11; 4:31; Juan 16:7-11; Romanos 8:9-11; 1 Corintios 12:4-13; 14:26-40; Efesios 1:13-14; 4:4-6; 5:18-21; Gálatas 5:16-25; Tito 3:4-7.
The Greek New Testament: SBL Edition, The Expositor’s Greek Testament y Biblical Hermeneutics se consultaron como ayudas de idioma y contexto. Ninguna fuente secundaria reemplaza la Escritura.
El Espíritu une a Cristo y forma una vida nueva
Pentecostés inauguró públicamente la etapa prometida del Espíritu y capacitó a los testigos de Cristo. Sus señales sirvieron a un mensaje comprensible y a la expansión del evangelio.
El bautismo del Espíritu incorpora a todo creyente al cuerpo de Cristo; la llenura describe una vida que vuelve a someterse a su dirección. Su obra ordinaria convence, regenera, habita, une, sella, santifica y capacita. Por eso la evidencia no se limita a una experiencia llamativa: se reconoce en fe en Cristo, fruto, servicio, verdad y orden.