Hechos 8: Pedro explica Pentecostés con Joel
La promesa, la profecía y los últimos días
La multitud necesitaba entender qué había ocurrido. Pedro no dejó la experiencia sin explicación ni pidió otra señal. Respondió con claridad, abrió la Escritura y mostró que Dios había comenzado a cumplir su promesa de derramar el Espíritu.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
¿Por qué Pedro citó a Joel para explicar Pentecostés y qué quiso decir con la expresión postreros días?
Pentecostés era una fiesta judía celebrada cincuenta días después de la Pascua. Durante esa fiesta, el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos. Pedro presentó este acontecimiento como el comienzo real de lo anunciado por Joel, aunque el día final del Señor todavía permanece futuro.
Cuatro movimientos del pasaje
El argumento de Pedro puede seguirse sin perderse en los detalles.
1. Pedro responde y abre la Escritura
14 Entonces Pedro se puso de pie, junto con los otros once, levantó la voz y dijo: —Judíos y todos los que habitáis en Jerusalén, prestad atención a mis palabras y quedaos bien con lo que os voy a decir:
15 Estos no están borrachos, como vosotros suponéis, pues solo son las nueve de la mañana.
16 Se trata de lo dicho por el profeta Joel:
17 En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños.
18 Incluso sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré en aquellos días mi Espíritu y profetizarán.
19 Y haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra: sangre, fuego y vapor de humo.
20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes de que venga el día del Señor, grande y glorioso.
21 Y todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.
Pedro se puso de pie con los otros once apóstoles, incluido Matías, y habló como portavoz. El acontecimiento fue público y recibió una explicación comprensible.
Algunos acusaron a los discípulos de estar borrachos. Pedro corrigió la burla y llevó la atención de la multitud a la Escritura y, después, a la muerte, resurrección y exaltación de Jesús.
La apologética es la defensa razonada de la fe cristiana. Pedro muestra que algunas acusaciones deben aclararse con razones bíblicas.
Esa defensa debe hacerse con humildad y respeto. Defendemos la verdad de Cristo, no nuestro orgullo ni la fama de un líder.
2. La obra del Espíritu no elimina el entendimiento ni el dominio propio
27 Si alguien habla en lenguas, que sean dos o a lo más tres, y por turno; pero que uno interprete.
28 Y si no hay intérprete, que calle en la iglesia, y que hable para sí mismo y para Dios.
29 En cuanto a los profetas que hablen dos o tres, y que los demás juzguen lo dicho.
30 Y si alguien que está sentado recibe una revelación, que calle el primero.
31 Así podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.
32 El don de profecía debe estar bajo el control de los profetas,
33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias cristianas,
40 pero que todo se haga decentemente y con orden.
Pedro organizó su respuesta y habló para que la multitud entendiera. Primera Corintios 14 confirma que quien participa en la congregación puede esperar su turno, callar cuando corresponde y permitir que otros examinen lo dicho.
Por eso perder el control no demuestra que algo provenga del Espíritu Santo. Su obra puede ser poderosa y emotiva, pero busca edificación, paz y orden.
3. Pedro relaciona Pentecostés con la promesa de Joel
28 Después de esto derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
29 También sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
30 Haré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo.
31 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes de que venga el día, grande y espantoso, del Señor.
32 Y todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho el Señor, y entre el resto estarán los que el Señor habrá llamado.
Joel habló primero al pueblo de Judá en un contexto de calamidad, llamado al arrepentimiento y promesa de restauración. Después de anunciar que Dios volvería a mostrar misericordia, el profeta prometió un derramamiento amplio del Espíritu.
Pedro no dijo que Pentecostés solo se parecía a esa promesa. Declaró: “Se trata de lo dicho por el profeta Joel”. La conexión directa es el derramamiento del Espíritu. Lucas presenta esta explicación apostólica después de la venida del Espíritu, no como una confusión de Pedro.
1 Dios, que había hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por medio de los profetas,
2 en estos últimos días nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo.
Postreros días significa últimos días. El Nuevo Testamento usa esta expresión para la etapa decisiva de la historia de la salvación inaugurada por la venida, muerte, resurrección y exaltación de Cristo.
Hebreos ya llamaba “estos últimos días” a la época en que Dios habló por medio de su Hijo. La expresión no permite calcular cuántos años faltan para el regreso de Jesús.
Pentecostés confirma que los últimos días comenzaron, pero no identifica cuál será la última generación. El creyente debe vivir preparado y obediente, sin convertir guerras, eclipses o noticias en un calendario secreto de Dios.
Toda carne no significa que cada ser humano recibiría automáticamente el Espíritu. Joel menciona hijos e hijas, jóvenes y ancianos, siervos y siervas. La promesa alcanza personas que la sociedad separaba por edad, sexo o posición; el Espíritu no quedaría asociado únicamente con unos pocos dirigentes de Israel.
Pedro habló primero a una multitud judía. Más adelante, Hechos muestra que samaritanos y gentiles, es decir, personas no judías, también recibieron el Espíritu al creer.
44 Todavía estaba Pedro hablando, cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje.
45 Los creyentes provenientes del judaísmo que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo,
46 pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios.
47 Entonces Pedro preguntó: —¿Puede negársele el agua del bautismo a estas personas que han recibido, como nosotros, el Espíritu Santo?
No. Joel describe la amplitud del derramamiento y menciona formas de revelación conocidas en la historia bíblica. El pasaje no ordena que cada creyente deba tener sueños o visiones ni enseña que le falte el Espíritu si nunca los experimenta.
Tampoco convierte una experiencia privada en autoridad sobre la Iglesia. Toda afirmación espiritual debe someterse a la enseñanza de la Escritura.
¿Se cumplió toda la profecía en Pentecostés?
La propia cita muestra un comienzo presente y una consumación que todavía esperamos.
Cumplimiento inaugurado significa que una promesa comenzó a realizarse sin que todos sus elementos hayan llegado todavía a su plenitud.
Pedro puede afirmar que Pentecostés era lo anunciado por Joel, mientras las señales relacionadas con el día final del Señor aún son esperadas. El derramamiento comenzó, la salvación se anuncia y la consumación permanece futura.
29 Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán conmovidas.
30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, todas las tribus de la tierra se lamentarán y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes, con poder y gran gloria.
31 Enviará sus ángeles con resonante trompeta y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
Jesús también relacionó el oscurecimiento del sol y de la luna con su venida. Por eso la profecía de Joel alcanza más allá de la mañana de Pentecostés.
Los cristianos difieren sobre cuánto de este lenguaje es físico y cuánto usa imágenes proféticas de juicio. La conclusión necesaria aquí es más limitada: los fenómenos astronómicos comunes no bastan para declarar que una profecía específica se cumplió.
4. La promesa conduce a Cristo y orienta a la Iglesia hoy
La cita termina con una promesa: todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. Pedro continúa identificando a ese Señor con Jesús crucificado, resucitado y exaltado.
El centro de Pentecostés es Cristo y el evangelio. Las señales sirven al mensaje; el mensaje no existe para exaltar las señales.
La aplicación actual nace del significado que Pedro dio al acontecimiento.
Una experiencia no es su propia prueba. Debe interpretarse dentro del contexto bíblico.
Pentecostés abrió públicamente una etapa de la historia de la salvación; no es una ceremonia que cada congregación deba reproducir.
Joel no exige sueños, visiones o lenguas como evidencia obligatoria de que una persona recibió al Espíritu.
La promesa culmina en salvación para quien invoca al Señor. La Iglesia debe anunciar ese evangelio con claridad.
Textos principales: Hechos 2:14-21 y Joel 2:28-32, junto con las referencias cruzadas incluidas, en la Biblia Reina Valera 2020.
The Greek New Testament: SBL Edition se consultó para comprobar la expresión “en los últimos días” y la introducción de la cita en Hechos 2:16-17. The Expositor’s Greek Testament, volumen 2, se usó para seguir el discurso de Pedro y la relación entre Pentecostés y Joel. Biblical Hermeneutics, de Milton S. Terry, ayudó a distinguir contexto original, uso apostólico y aplicación. Ninguna fuente secundaria reemplaza la autoridad de la Escritura.
El Espíritu fue derramado y la Escritura explicó su significado
Pedro respondió a la burla abriendo la Escritura. Enseñó que Pentecostés era el comienzo real del derramamiento anunciado por Joel y que los últimos días habían empezado con la obra de Cristo.
La promesa no convierte cada sueño, visión o señal en autoridad para la Iglesia, ni entrega fechas para el regreso de Jesús. Su centro es Cristo: todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. Hoy vivimos dentro de esa etapa inaugurada, sometemos toda experiencia a la Escritura y anunciamos el evangelio con claridad, orden y esperanza.