Hechos 9: El Cristo crucificado que Dios resucitó
Señales, soberanía y testigos
Pedro no hizo de las lenguas el centro de su mensaje. Anunció a Jesús, explicó la cruz dentro del plan soberano de Dios y presentó la resurrección como el cumplimiento de la Escritura confirmado por testigos.
Esta enseñanza también debe ser examinada con humildad a la luz de la Escritura: “Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.” Hechos 17:11, RV2020.
¿Cómo explicó Pedro el significado de Pentecostés? No dejó a la multitud concentrada en las señales: anunció que Jesús fue acreditado por Dios, entregado conforme al plan divino, crucificado por hombres responsables y resucitado conforme a la Escritura.
Hechos narra una expansión progresiva desde Jerusalén hasta las naciones. Los primeros discípulos eran judíos y luego el evangelio alcanzó de manera visible a samaritanos y gentiles. Sin embargo, el plan de Dios no era crear una iglesia gentil opuesta a los judíos.
En este estudio, la palabra gentiles se refiere a las personas que no pertenecían al pueblo judío.
La Iglesia está formada por judíos y gentiles reconciliados con Dios por medio de Cristo. Ambos entran por la misma gracia, pertenecen al mismo cuerpo y tienen acceso al Padre por el mismo Espíritu. Comprender esta unidad evita leer Hechos como si Dios simplemente hubiera cambiado un grupo étnico por otro.
14 Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, pues derribó la pared intermedia de separación,
15 y abolió en su cuerpo las enemistades. Puso fin a la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos pueblos uno solo y un nuevo ser humano, estableciendo así la paz.
16 Él por medio de la cruz ha reconciliado con Dios a ambos pueblos en un solo cuerpo, dando en sí mismo muerte a las enemistades.
17 Y vino y anunció la paz a vosotros que estabais lejos y a los que estáis cerca.
18 Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
1. Pedro coloca a Jesús en el centro de Pentecostés
22 Israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con maravillas, prodigios y señales que Dios realizó entre vosotros por medio de él, como bien sabéis,
23 Dios lo entregó conforme a un plan proyectado y conocido de antemano por él, y vosotros, valiéndoos de no judíos, clavasteis a Jesús en una cruz y lo matasteis.
24 Sin embargo, Dios lo ha resucitado, liberándolo de los lazos de la muerte. Y es que era imposible que la muerte lo venciera,
25 pues el propio David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí. Está a mi diestra para que no caiga.
26 Por eso se alegró mi corazón y se gozó mi lengua. Además mi carne descansará en esperanza
27 porque no dejarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me hiciste conocer los caminos de la vida. Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Hermanos, con franqueza os puedo decir del patriarca David que también murió y fue sepultado y su sepulcro se conserva todavía entre nosotros hasta hoy.
30 Como era profeta y sabía que Dios le había prometido solemnemente que de su descendencia, de su misma sangre, levantaría al Cristo que se sentaría en su trono,
31 David previó todo esto, y por eso habló de la resurrección de Cristo y de que su alma no quedaría abandonada en el Hades, ni su cuerpo se corrompería.
32 A este Jesús resucitó Dios y de ello todos nosotros somos testigos.
El argumento de Pedro en cuatro afirmaciones
Pedro avanza desde la vida pública de Jesús hasta la resurrección.
Pedro habló a israelitas reunidos en Jerusalén y apeló a hechos que podían reconocer. Su audiencia inmediata debe respetarse, aunque el evangelio anunciado alcanza después a todas las naciones. La Iglesia reúne en un solo cuerpo a judíos y gentiles que creen en Cristo; no es un pueblo gentil que desprecia o reemplaza étnicamente a los judíos.
2. Las señales acreditaron la misión de Jesús
Maravillas, prodigios y señales describen obras poderosas que despertaban asombro y señalaban la autoridad de Jesús. No eran espectáculo ni prueba de que toda petición humana sería concedida. Dios las realizó públicamente por medio de Cristo y la resurrección confirmó de manera suprema quién es él.
Pedro llama a Jesús “varón” porque afirma su humanidad real; no niega su divinidad. El mismo Nuevo Testamento lo presenta como el Verbo que era Dios y se hizo carne. La doctrina completa surge de todos los textos, no de aislar una palabra.
30 Respondió el hombre: —¡Pues eso es lo sorprendente! Resulta que a mí me ha dado la vista, y vosotros ni siquiera sabéis de dónde es.
31 Y sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero que si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a ese sí lo escucha.
32 Nunca se ha oído decir de alguien que haya dado la vista a un ciego de nacimiento.
33 Si ese hombre no viniera de Dios, nada podría hacer.
Cornelio todavía necesitaba escuchar el evangelio, pero Dios tuvo presentes sus oraciones y preparó el encuentro con Pedro. Esto demuestra que no debemos decir que Dios es incapaz de oír cualquier oración de una persona que aún no se ha convertido.
Al mismo tiempo, las oraciones y limosnas de Cornelio no sustituyeron a Cristo. Dios le envió el mensaje mediante el cual conocería la salvación. Ser escuchado por Dios en su providencia no significa que alguien haya ganado el perdón por sus méritos.
La providencia es la manera en que Dios sostiene, dirige y cuida su creación sin dejar de utilizar medios ordinarios.
3. La cruz unió el plan de Dios y la responsabilidad humana
La muerte de Jesús no sorprendió a Dios. Ocurrió conforme a su determinado consejo y anticipado conocimiento. Esto no significa que Dios aprobara la maldad ni obligara a personas inocentes a pecar.
Pedro acusa a sus oyentes de haber crucificado a Jesús por manos de inicuos. El plan soberano de Dios y la culpa humana aparecen juntos: Dios dirigió la historia hacia la salvación y quienes actuaron con maldad respondieron por sus decisiones.
La cruz debe entenderse sin reducir ninguna parte del testimonio bíblico.
Falso. La muerte de Cristo ocurrió conforme al propósito que Dios había establecido.
Falso. Pedro los responsabiliza por entregar y matar a Jesús.
Falso. Dios utilizó incluso la oposición humana para cumplir su plan redentor.
Falso. Que Dios produzca bien mediante una acción mala no convierte esa acción en buena.
4. Dios resucitó a Jesús conforme a la Escritura
Dios levantó a Jesús porque la muerte no podía retener al Autor de la vida. Pedro citó el Salmo 16: David murió y su cuerpo vio corrupción, de modo que sus palabras miraban proféticamente al Mesías, cuyo cuerpo no quedó en el sepulcro.
8 Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.
9 Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi carne también descansará confiadamente,
10 porque no dejarás mi alma en el seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción.
11 Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.
Seol y Hades pueden designar el ámbito de los muertos; “corrupción” se refiere aquí a la descomposición del cuerpo. El punto de Pedro no es construir un mapa completo del más allá, sino afirmar que Jesús murió realmente y no permaneció bajo el poder de la muerte.
El salmo nace de la confianza de David en Dios, pero Pedro explica que sus palabras alcanzaban una realidad que no se agotó en la vida de David. David murió y su sepulcro era conocido. Por eso no podía ser el cumplimiento final de la promesa de no ver corrupción.
Como profeta, David habló de un descendiente que se sentaría en el trono. Pedro no inventa un significado desconectado del salmo. Relaciona la esperanza de vida, la promesa davídica y el hecho de que Jesús resucitó. Nuestra conclusión es la del propio apóstol: David habló de la resurrección de Cristo.
5. Los testigos anunciaron la resurrección y llamaron al arrepentimiento
3 En primer lugar os he enseñado lo que yo también recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
5 y que se apareció a Cefas, y después a los doce.
6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya han muerto.
7 Después apareció a Jacobo y después a todos los apóstoles.
8 Y al último de todos que se apareció fue a mí, como a un abortivo.
Los apóstoles afirmaron haber visto vivo a Jesús. Primera Corintios 15 conserva una tradición temprana sobre su muerte, sepultura, resurrección y apariciones. La ley de dos o tres testigos muestra la importancia de corroborar un asunto, aunque el número por sí solo nunca convierte una mentira en verdad.
15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra alguien en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquier ofensa cometida. Solo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.
16 Cuando se levante un testigo falso contra alguien, para testificar contra él,
17 entonces los dos litigantes se presentarán delante del Señor y delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en aquellos días.
18 Los jueces investigarán bien, y si aquel testigo resulta falso y ha acusado falsamente a su hermano,
19 entonces haréis con él como él pensó hacer con su hermano. Así extirparás el mal de en medio de ti.
La ley exigía más de un testigo para establecer una acusación, pero también ordenaba investigar cuidadosamente y castigaba al testigo falso. Por eso no es correcto decir que tres voces convertían cualquier declaración en irrefutable.
El valor del testimonio apostólico incluye su número, su coherencia, su cercanía a los acontecimientos y su disposición a sostener públicamente lo que afirmaban. Los lectores actuales debemos considerar todo el conjunto de evidencias históricas y textuales, no invocar mecánicamente una regla judicial de Israel.
37 Oídas estas cosas y compungido su corazón, preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer?
38 Pedro les respondió: —Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús el Cristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 La promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos: es decir, para cuantos el Señor nuestro Dios llame.
40 Con otras muchas palabras daba testimonio y los exhortaba diciendo: —Poneos a salvo de esta perversa generación.
41 Los que aceptaron su palabra fueron bautizados. Aquel día se añadieron alrededor de tres mil personas.
La señal condujo a una respuesta: arrepentirse, recibir la palabra y apartarse de la incredulidad de aquella generación. “Ponerse a salvo” no significa salvarse por esfuerzo propio, sino responder al evangelio que Dios ofrece en Cristo.
Proverbios 18 enseña que las palabras producen consecuencias de vida o muerte; no concede poder divino para crear realidad ni justifica controlar mediante supuestas maldiciones. Isaías 28 y Primera Corintios 14 muestran que una lengua extranjera también podía funcionar como señal de juicio ante quienes no escuchaban, pero este asunto se desarrolla en las enseñanzas siguientes. Las parábolas revelaban la verdad a quienes recibían a Jesús y confirmaban la dureza de quienes lo rechazaban. Cuando Jesús dijo que las piedras clamarían, afirmó que su identidad no podía silenciarse; el texto no obliga a imaginar escombros predicando literalmente.
6. La señal exige responder al Cristo resucitado
Pedro no invitó a perseguir señales, sino a reconocer a Jesús y responder al evangelio.
Las señales apuntan al Señor crucificado y resucitado.
El plan de Dios no convierte la maldad humana en inocencia.
La resurrección fue proclamada públicamente por testigos.
La respuesta correcta es abandonar la incredulidad y acudir a Cristo.
Textos principales: Hechos 2:22-41; Salmo 16:8-11; 1 Corintios 15:3-8. También se consideraron Efesios 2:14-18; Proverbios 18:20-21; Isaías 28:11-13; 1 Corintios 14:20-25 y Mateo 13:10-17. The Greek New Testament: SBL Edition, The Expositor’s Greek Testament y Biblical Hermeneutics se usaron para comprobar lenguaje y contexto.
La señal conduce al Cristo resucitado
Pedro explicó Pentecostés anunciando a Jesús. Dios acreditó su ministerio, cumplió su plan mediante la cruz y lo resucitó conforme a la Escritura. Los culpables actuaron responsablemente y Dios transformó aquel crimen en el medio de salvación.
La resurrección fue proclamada por testigos y exige una respuesta. Las señales, las palabras proféticas y las aclaraciones relacionadas solo sirven correctamente cuando conducen al Cristo crucificado y resucitado. La Iglesia no anuncia poder humano ni busca asombrar: llama a arrepentirse, creer y vivir bajo el señorío de Jesús.