Juan 20:22: ¿recibieron el Espíritu antes de Pentecostés?
El soplo de Jesús y el cumplimiento de la promesa
Jesús sopló y dijo: «Recibid el Espíritu Santo». ¿Lo recibieron definitivamente en ese instante o Jesús estaba anunciando mediante una señal lo que cumpliría en Pentecostés?
Juan 20:22 dice que Jesús sopló y ordenó a sus discípulos: «Recibid el Espíritu Santo». Algunos entienden que en ese mismo momento recibieron al Espíritu para tener vida espiritual y que en Pentecostés recibieron otra experiencia distinta para obtener poder. Otros entienden que el soplo fue una señal visible que anunciaba lo que Jesús cumpliría pocos días después.
Esta enseñanza adopta la segunda interpretación. El soplo fue una acción real y llena de significado, pero señaló hacia la venida prometida del Espíritu Santo en Pentecostés. Por eso Juan 20:22 no enseña que todo creyente deba buscar primero un bautismo para salvación y después otro bautismo para recibir poder.
19 Llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana. El lugar donde estaban reunidos los discípulos tenía las puertas cerradas por miedo a los judíos. No obstante se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: —¡Paz a vosotros!
20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
21 Jesús volvió a decir: —¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os envío.
22 Después sopló y les dijo: —Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonéis, no les serán perdonados.
24 Tomás, uno de los doce, apodado «el Mellizo», no estaba con ellos cuando Jesús se presentó.
Los discípulos estaban encerrados por miedo. Jesús resucitado se presentó, les dio paz y les mostró que realmente estaba vivo. Después los envió: «Como me envió el Padre, así también yo os envío». Entonces sopló y habló del Espíritu Santo.
El soplo no aparece como una experiencia aislada para producir una sensación. Está unido a la misión. Los discípulos necesitarían al Espíritu para anunciar a Cristo y declarar, mediante el evangelio, que Dios perdona a quienes creen y que quienes rechazan a Cristo permanecen en sus pecados. Ellos no recibieron permiso para perdonar arbitrariamente; fueron enviados como testigos autorizados del evangelio.
Juan 7:39 Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir quienes creyeran en él. El Espíritu en efecto, no se había hecho presente todavía, porque Jesús aún no había sido glorificado.
Juan 16:7 Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya. Porque si yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré.
Juan 20:17 Jesús le dijo: —¡No me toques!, porque aún no he subido a mi Padre. Anda, ve y diles a mis hermanos que voy a mi Padre, que es también vuestro Padre; a mi Dios, que es también vuestro Dios.
Juan había explicado que la venida del Espíritu estaba relacionada con la glorificación y partida de Jesús. Cristo mismo dijo que enviaría al Consolador cuando se fuera al Padre. La mañana de la resurrección todavía dijo: «Aún no he subido a mi Padre». Esa misma noche ocurrió el soplo.
Juan 20:17 no resuelve por sí solo toda la discusión, pero crea una pregunta importante: si Jesús todavía hablaba de ir al Padre y anteriormente había relacionado esa partida con el envío del Espíritu, ¿debemos tratar el soplo de esa noche como el cumplimiento definitivo? Para responder debemos continuar hasta Lucas y Hechos.
Lucas 24:49 Sabed que yo os enviaré la promesa de mi Padre, pero quedaos en Jerusalén hasta que seáis investidos del poder que viene desde lo alto.
Hechos 1:4 Estando juntos les dio esta orden a todos ellos: —No salgáis de Jerusalén. Esperad la promesa del Padre, de la que os hablé,
5 porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días.
Este es el argumento principal. Después de Juan 20:22, Jesús ordenó a los discípulos esperar «la promesa del Padre» y afirmó que serían bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. Por tanto, la promesa todavía se presenta como algo que debía cumplirse.
Algunas personas dicen que Juan 20 describe la regeneración, es decir, el momento en que una persona recibe nueva vida espiritual, y que Hechos 2 describe una segunda experiencia de poder. Otras dicen que primero recibieron al Espíritu dentro de ellos y después sobre ellos. Sin embargo, Juan no establece ninguna de esas divisiones.
Dios puede obrar de maneras distintas, pero no debemos crear dos recepciones del Espíritu cuando la secuencia de los pasajes presenta una promesa seguida por su cumplimiento. Juan 20 anuncia visualmente esa promesa y Hechos 2 muestra su cumplimiento público.
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.
2 De repente vino del cielo un estruendo, como el de un viento recio, y llenó toda la casa donde estaban reunidos.
3 Se les aparecieron como lenguas de fuego que, repartidas, se posaban sobre cada uno de ellos.
4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les hacía expresarse.
En Juan 20 Jesús sopló y habló del Espíritu. En Hechos 2 vino del cielo un estruendo como de viento y todos fueron llenos del Espíritu Santo. La relación es sencilla: el soplo fue una señal dada antes del acontecimiento y Pentecostés fue el cumplimiento histórico de la promesa.
A esto lo llamamos una acción anticipatoria. Significa que Jesús realizó una acción visible para anunciar algo que todavía iba a suceder. El soplo fue real, pero su propósito era señalar hacia la venida del Espíritu.
El verbo griego que Juan utiliza para «sopló» también aparece en la traducción griega de Génesis 2:7, donde Dios sopla aliento de vida. Esa relación comunica vida y nueva creación. Jesús estaba enseñando, mediante una acción visible, la vida y el poder que el Espíritu daría a sus discípulos.
La palabra «recibid» traduce el término griego lábete, que es una orden dirigida a varias personas. La forma de esa palabra no puede decidir por sí sola si el Espíritu fue recibido completamente en ese instante. Para saberlo debemos leer lo que ocurrió antes y después.
Tomás no estaba presente cuando Jesús sopló. Ocho días después, Jesús volvió a presentarse, pero Juan no dice que repitiera el soplo sobre Tomás. Este detalle no demuestra por sí solo nuestra postura, pero sería difícil de explicar si cada discípulo necesitaba recibir personalmente al Espíritu mediante aquel soplo.
Ambos detalles sirven como apoyo, pero el argumento decisivo sigue siendo la orden posterior de esperar la promesa del Padre.
La claridad exige separar lo que dice la Biblia de lo que nosotros deducimos.
Jesús sopló, ordenó recibir el Espíritu y envió a sus discípulos como testigos.
Después de aquella escena, Jesús mandó esperar la promesa del Padre y anunció un bautismo cercano con el Espíritu Santo.
Pentecostés trajo el viento, la llenura del Espíritu y el comienzo público de la misión.
El soplo fue una acción anticipatoria que representó la promesa cumplida después en Pentecostés.
Juan no dice expresamente: «Esto fue solamente simbólico». Nuestra conclusión surge al comparar toda la secuencia.
No debemos construir una doctrina de dos bautismos obligatorios sobre una distinción que el texto no establece.
Juan 20:22 anuncia lo que Pentecostés cumple
Jesús resucitado dio paz a sus discípulos, los envió y sopló mientras les decía que recibieran el Espíritu Santo. El gesto comunicó vida, misión y la promesa de su presencia. Sin embargo, después de aquella escena los discípulos todavía recibieron la orden de esperar la promesa del Padre y el bautismo con el Espíritu Santo que llegaría pocos días después.
Por eso esta enseñanza concluye que Juan 20:22 fue una acción anticipatoria, es decir, una señal visible de algo que todavía iba a cumplirse. El soplo anunció la venida del Espíritu y Pentecostés cumplió públicamente la promesa. Esta lectura permite entender juntos el Evangelio de Juan, Lucas y Hechos sin inventar una primera recepción para salvación y una segunda recepción para poder.
La enseñanza también nos deja una regla importante. Una frase difícil no debe convertirse en doctrina aislada. Debemos leerla dentro de su contexto, compararla con el resto de la Escritura y permitir que los pasajes más claros expliquen aquellos que pueden admitir más de una interpretación.
Biblia Reina Valera 2020 (RV2020): Juan 7:39; 16:7; 20:17-24; Lucas 24:49; Hechos 1:4-5; 2:1-4.
SBL Greek New Testament: texto griego de Juan 20:22.
A. T. Robertson, A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research: forma verbal de lábete.
The Expositor's Greek Testament, volumen 1: comentario de Juan 20:19-24 y comparación de «sopló» con Génesis 2:7. Se revisó también como representación de la lectura que entiende una impartición real en Juan 20.