La Escritura que nos lleva a Cristo
2 Timoteo 3:14-16
14. Sigue practicando las enseñanzas que has aprendido. Sabes que son ciertas porque conoces a quienes te las enseñaron.
15. Desde niño conoces las Sagradas Escrituras que te pueden hacer sabio. Esa sabiduría te lleva a la salvación a través de la fe en Jesucristo.
16. Toda la Escritura es un mensaje enviado por Dios, y es útil para enseñar, reprender, corregir y mostrar a la gente cómo vivir de la manera que Dios manda.
Palabra de Dios para Todos (PDT)
Las Escrituras que Timoteo conocía desde su infancia
Pablo escribe esta carta como apóstol de Cristo y como un padre espiritual para Timoteo. No le está hablando a un desconocido, sino a un colaborador cercano que había servido con él en la obra del evangelio.
Timoteo era hijo de una madre judía creyente y de un padre griego (Hechos 16:1). Desde joven fue instruido en la fe por su abuela Loida y por su madre Eunice, y después acompañó a Pablo en el ministerio. Por eso Pablo le recuerda que no abandone lo que aprendió, porque sabía de quién lo había recibido.
Cuando Pablo escribió esta carta, aproximadamente entre los años 64 y 67 d.C., Timoteo ya conocía estas Escrituras desde su infancia. La expresión griega ἀπὸ βρέφους (apo brephous) comunica la idea de “desde bebé” o desde muy pequeño.
Históricamente, eso apunta al Antiguo Testamento, porque el Nuevo Testamento aún no existía como un canon completo reunido. Timoteo había sido formado desde niño en las Escrituras que su familia conocía y le enseñaba.
Esto concuerda con 2 Timoteo 1:5, donde Pablo menciona la fe sincera que habitó primero en Loida, la abuela de Timoteo, y en Eunice, su madre.
Este detalle es importante porque Pablo no le dice a Timoteo que busque una enseñanza nueva para sostenerse, sino que permanezca en la Escritura que ya había recibido y que conduce correctamente a Cristo.
¿Cómo pueden esas Escrituras dar sabiduría para la salvación?
Pablo no está diciendo que el Antiguo Testamento salve por sí mismo. La frase debe leerse completa: “te pueden hacer sabio para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.”
La expresión “mediante la fe en Cristo Jesús” explica cómo se recibe esa salvación. Las Escrituras preparan, enseñan, anuncian y dan sabiduría, pero la salvación se recibe por la fe en Cristo.
Cómo debería ser una predicación del Antiguo Testamento
Cuando prediques del Antiguo Testamento, no preguntes primero: “¿qué significa para mí?”. Esa pregunta puede venir después, pero no debe ser el punto de partida.
Primero hay que leer el texto en su propio contexto y preguntar:
1. ¿Qué quiso decir Dios a las personas que recibieron este mensaje?
2. ¿Cómo se relaciona este texto con Cristo?
3. Ahora sí, ¿qué enseña esto a los cristianos de hoy?
Ese es el patrón que Jesús enseñó cuando dijo que las Escrituras daban testimonio de Él (Juan 5:39; Lucas 24:27).
El cordero de la Pascua
Un ejemplo está en Éxodo 12. Dios libró a Israel del juicio en Egipto por medio de la sangre de un cordero.
No empezaríamos diciendo: “Egipto representa tus problemas y tú tienes que salir de ellos.” Ese no es el mensaje principal del pasaje.
Primero entendemos lo que ocurrió: Dios salvó a Israel del juicio por medio de la sangre del cordero.
Luego vemos cómo el Nuevo Testamento interpreta ese hecho: Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Pablo incluso dice: “Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado” (1 Corintios 5:7).
Aplicación: Así como Israel no fue librado por sus propias fuerzas, sino por la sangre del cordero, nosotros no somos salvos por nuestras obras, sino por la sangre de Cristo (1 Pedro 1:18-19).
Cómo no usar Ezequiel 37
Texto: Ezequiel 37:1-14, el valle de los huesos secos.
Una interpretación incorrecta sería decir: “Los huesos secos representan tu matrimonio, tu economía, tu salud o tus sueños. Dios hoy quiere soplar sobre tus problemas y levantarlos. Si recibes una nueva unción del Espíritu Santo, experimentarás un poder sobrenatural que restaurará todas las áreas de tu vida”.
¿Cuál es el problema? El problema es que esa no es la interpretación que Dios dio de la visión.
En el mismo capítulo, Dios explica claramente su significado: “Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel…” (Ezequiel 37:11).
La visión no habla de matrimonios, finanzas, enfermedades o proyectos personales. Habla de la restauración de Israel, un pueblo que se encontraba espiritualmente y nacionalmente como muerto debido al exilio.
Cuando se cambia ese significado para convertir los huesos secos en cualquier problema personal, el mensaje original del texto se pierde.
No debemos buscar significados místicos
Otro error frecuente es usar este tipo de pasajes para enseñar experiencias místicas relacionadas con el poder del Espíritu Santo, como si el propósito principal del texto fuera anunciar una nueva unción, revelaciones especiales o manifestaciones sobrenaturales para la vida del creyente.
Sin embargo, ese no es el propósito de Ezequiel 37.
El Espíritu aparece en la visión porque forma parte de la promesa de Dios de restaurar a Israel. No es una enseñanza acerca de cómo los cristianos deben buscar experiencias espirituales extraordinarias.
Cuando se usa el pasaje para promover una búsqueda de poder, unción o revelaciones místicas, se está llevando el texto a una conclusión que él mismo no enseña.
¿Por qué es grave hacer esto?
Es grave porque se reemplaza la autoridad de la Palabra de Dios por la interpretación del predicador. En lugar de enseñar lo que Dios quiso comunicar, el texto se convierte en un pretexto para transmitir ideas, experiencias o doctrinas ajenas a su significado original.
Cuando esto ocurre, se distorsiona el mensaje de la Escritura. El pasaje deja de hablar de lo que Dios inspiró y comienza a decir lo que el predicador desea que diga.
También se desvía la atención de Cristo. Según 2 Timoteo 3:15, las Escrituras conducen a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Si el énfasis se traslada a buscar poder, unción o experiencias místicas, el centro deja de ser Cristo y pasa a ser la experiencia personal.
Además, se crean falsas expectativas. El creyente puede llegar a pensar que Dios le prometió algo que el texto nunca prometió, lo que produce frustración, confusión e incluso desilusión cuando esas expectativas no se cumplen.
Finalmente, se abre la puerta a cualquier interpretación. Si el significado original ya no importa, cualquier persona puede darle al texto el sentido que quiera. La autoridad deja de estar en la Escritura y pasa a estar en quien la interpreta.
Por esta razón, la predicación bíblica no debe buscar significados ocultos, místicos o revelaciones que el texto no enseña. La tarea del predicador es exponer fielmente el mensaje inspirado por Dios y, desde ese significado, hacer aplicaciones legítimas para la iglesia de hoy.
¿Cómo se reciben y se evalúan las experiencias espirituales?
La Biblia no enseña que el creyente deba buscar experiencias místicas como el centro de su vida espiritual. La prioridad del Nuevo Testamento no es perseguir sueños, visiones, unciones o manifestaciones sobrenaturales, sino permanecer en la Palabra de Dios y crecer en el conocimiento de Cristo.
Si Dios, en su soberanía, concede una experiencia extraordinaria, esa experiencia nunca tendrá mayor autoridad que la Escritura. Siempre deberá ser examinada a la luz de la Palabra de Dios.
1 Tesalonicenses 5:21: “Pongan todo a prueba y quédense con lo bueno.”
1 Juan 4:1: “Queridos amigos, actualmente hay muchos falsos profetas en el mundo. Por eso, no le crean a todo espíritu. Mejor pongan a prueba a todo espíritu para comprobar si viene de Dios.”
El Nuevo Testamento dirige al creyente a buscar la llenura del Espíritu mediante una vida de obediencia a Cristo (Efesios 5:18-21), el fruto del Espíritu como evidencia de su obra (Gálatas 5:22-23), el crecimiento en la verdad revelada (2 Timoteo 3:15-17), y la edificación de la iglesia conforme a la enseñanza apostólica.
Efesios 4:11-16: Cristo dio dones a su iglesia para preparar a su pueblo, fortalecer el cuerpo de Cristo, llevarlo a la unidad de la fe, madurarlo para no ser arrastrado por cualquier enseñanza engañosa, y hacerlo crecer en amor bajo Cristo, que es la cabeza.
Por tanto, la verdadera evidencia de la obra del Espíritu Santo no es la búsqueda constante de experiencias místicas, sino una vida transformada por el evangelio, sometida a la Palabra de Dios y centrada en Cristo.
Las experiencias pueden ocurrir, pero la fe del cristiano no se fundamenta en ellas, sino en la revelación escrita que Dios ya ha dado en las Escrituras.
Conclusión para reflexionar
Leamos la Escritura con humildad, dejando que ella nos corrija y nos lleve a Cristo, no usando la Biblia para justificar lo que ya queríamos creer.