Yael Gutierrez · Diario bíblico

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Mi testimonio: de la rebelión a la restauración
Cómo Cristo me llevó de la desesperación a su Palabra

No cuento esta historia para presentar una vida perfecta. La cuento para reconocer la misericordia de Dios, explicar por qué ahora examino toda enseñanza con la Biblia y señalar a Jesucristo como mi única esperanza.

Fecha del estudio 28 de agosto de 2026
Tema Testimonio personal
Enfoque Dolor, rebelión, adicción, restauración y regreso a la autoridad de la Escritura
Antes de seguir, quiero decirte algo

En esta historia voy a hablar de drogas, depresión y de dos ocasiones en las que intenté quitarme la vida. No lo cuento para impresionar a nadie, sino porque esa también fue parte de mi realidad.

Si tú estás pasando por algo parecido, no te quedes solo ni pienses que pedir ayuda te hace débil. Habla hoy con alguien de confianza y busca atención médica o psicológica. Yo necesité que mi familia me ayudara y también recibí tratamiento con psicóloga y psiquiatra.

Este soy yo contando lo que me pasó y cómo ahora entiendo mi historia. No vengo a decir que después de todo me convertí en una persona perfecta. Todavía estoy aprendiendo, todavía tengo cosas que corregir y sigo dependiendo de Cristo.

También quiero dejar algo claro: mi experiencia no tiene la autoridad de la Biblia. Lo que sentí puede ayudar a entender mi historia, pero la Escritura es la que me ayuda a interpretar lo vivido, corregir mis ideas y conocer verdaderamente a Dios.

La historia que voy a contar

Mi testimonio puede resumirse en tres movimientos.

Dolor y rebelión La muerte de mi papá convirtió una oración no respondida como yo esperaba en resentimiento contra Dios.
Desesperación y clamor Las adicciones y la depresión me llevaron al límite, hasta que pedí a Dios que me ayudara.
Restauración y verdad Dios fue restaurando mi vida y luego usó la Biblia para corregir lo que yo creía acerca de él.

Nací en 1996. Cuando tenía ocho años fui con mi papá a buscar un taller de pintura. Vimos un lugar con un estacionamiento grande y pensamos: «Ha de ser aquí». Pero no era el taller; era una iglesia pentecostal de las Asambleas de Dios.

Entramos por equivocación, nos invitaron y seguimos asistiendo. Estuve allí aproximadamente desde los ocho hasta los doce años. Sinceramente, no recuerdo por qué deje de ir. Después me enfoqué mucho en la programación y en la guitarra. Casi no salía de casa. Sabía poco del evangelio, pero vivía confiado en que Dios existía y cuidaba de nosotros.

Un temor que permaneció desde la niñez

Durante una ministración me daba miedo y vergüenza dejarme caer. Según recuerdo, una maestra me advirtió que debía tener cuidado porque había personas a quienes Dios podía descartar de la salvación. Aquellas palabras me produjeron un temor que no supe explicar en ese momento.

Años después, cuando otras personas afirmaban experimentar manifestaciones sobrenaturales y yo no sentía lo mismo, ese antiguo miedo regresó: pensaba que tal vez Dios me rechazaba.

La madrugada del 27 de marzo de 2010 hice lo de siempre: acostarme muy tarde. Antes de dormir sentí una necesidad de pedirle a Dios por mi familia, especialmente por mi papá. Le pedí que lo cuidara.

Cuando desperté escuché a mi abuelo gritando: «¡Despierte, atropellaron a su esposo!». Me quedé atónito. Pensé que quizá había escuchado mal, pero me levanté y caminé rápido hacia la puerta. Mi máma ya se iba en el carro de mi abuelo. Yo sabía que algo había pasado y no tenía cómo comunicarme con ellos como podría hacerlo hoy.

Me quedé esperando. Trataba de tranquilizarme programando en Visual Basic 2005 y escuchando «Simple Man», de Lynyrd Skynyrd. Mi hermano despertó unas dos horas después y yo no le dije nada. Para mí aquella espera fue una eternidad.

Alrededor de las tres de la tarde mi abuela volvió y dijo que habían atropellado a mi papá, que probablemente tenía una pierna quebrada, pero que estaba bien. Sentí un alivio enorme. Hasta pensé, sonriendo: «A mi papá le pasa de todo». Yo esperaba que todo terminara bien.

Pero cada día llegó una noticia peor. En un momento un tío nos dijo que mi papá había mejorado y estaba comiendo. Después de tanto estrés pensé: «Ya despertó, ya está comiendo; ya pasó lo peor». Pero el 2 de abril de 2010, mientras dormía, escuché a mi abuela decirme al oído: «Tu papá murió, tienes que ser fuerte».

Lo primero que sentí fue un alivio extraño. No porque me alegrara de su muerte, sino porque aquella semana de angustia, espera y noticias cada vez peores había terminado. Después llegó el verdadero peso de entender que mi papá ya no regresaría.

Salí del cuarto y vi a mi mamá con mi hermano menor. Él tenía nueve años. Verlo perder a su papá me partió el alma. Más tarde lo vi sonreír y pensé que, por ser niño, quizá ya lo estaba tomando bien. Yo no pude hacerlo.

Tenía catorce años y una pregunta comenzó a dominarme: ¿por qué murió precisamente después de que yo le había pedido a Dios que lo cuidara? Interpreté la muerte de mi papá como si Dios hubiera despreciado mi oración.

Salmos 34:18

18 Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón y salva a los de espíritu abatido.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

Comencé a salir a caminar preguntándome una y otra vez: «¿Por qué, si justo esa noche le pedí a Dios que lo cuidara?». Un día llegué a donde tenía mi ordenador, pensé que Dios era injusto y le dije: «Te odio».

Ahí comenzó lo que yo llamo la maldición: un joven lleno de dolor que comenzó a odiar a Dios. Aproximadamente un mes después decidí llamarme satánico y, cerca de un año más tarde, ya participaba en prácticas satánicas y tenía amistades de ese ambiente.

Yo todavía creía, hasta cierto punto, que Dios existía. Precisamente por eso quería rebelarme contra él. Blasfemaba y trataba de demostrarle mi odio. No cuento esto para hacer interesante aquella oscuridad, sino para reconocer hasta dónde dejé crecer mi rencor.

Comencé a tomar a los quince años. Pronto conocí la cocaina y, entre los veinticuatro y los veintiséis, terminé consumiéndola todos los días. La usaba para sentirme bien porque en realidad no era feliz.

Poco a poco fui perdiendo la capacidad de disfrutar. Ya no era solamente estar triste. 
Las cosas que para otros tenían valor dejaron de tenerlo para mí. 
No entendía por qué la gente salía a cenar, por qué quería caminar o por qué se reunía para pasar el rato. 
Miraba a otros disfrutar y pensaba que todo aquello era absurdo.

La canción «Black», de Pearl Jam, tenía una imagen con la que yo me identificaba: 
alguien sale a caminar, ve a los niños jugar y observa que ellos sí pueden divertirse, mientras él continúa hundido en su tristeza. Así me sentía yo. 
Veía la vida ocurriendo frente a mí, pero ya no podía disfrutarla.

La cocaína terminó convirtiéndose en mi felicidad diaria. Durante su efecto volvía a sentir algo, pero duraba muy poco. Cuando se terminaba, no solo regresaba al mismo vacío: regresaba todavía peor. Llegó un punto en el que esperaba consumir para poder sentirme bien y, cuando bajaba el efecto, quería morirme.

En Halloween de 2020, lo que yo llamaba el día de la maldición, intoxicado por distintas sustancias intenté quitarme la vida mediante una sobredosis. Perdí parte de la memoria y durante meses viví desconcertado. En Halloween de 2021 lo volví a hacer y otra vez pasé meses sintiendo que solo vivía y existía, sin entender bien qué ocurría conmigo.

A los veintiséis años comencé tratamiento con psicóloga y psiquiatra. Eso me ayudó a recuperar poco a poco las ganas de vivir. 
Pero cuando bajaba el efecto de la cocaína, el vacío regresaba. 
El tratamiento estaba ayudándome, pero yo seguía regresando a lo mismo que me destruía.

A finales de octubre de 2022 llevaba varias noches entre alcohol y descontrol. 
Iba de regreso a casa en mi automóvil y entendí que ya no solo me estaba destruyendo a mí. Estaba lastimando a mi mamá y a toda mi familia.

Me detuve, puse el carro en estacionamiento y comencé a golpear el volante. Entonces grité: «Dios, si existes, ayúdame». Lo que yo quería era dejar de lastimar a mi mamá y a mi familia. Después de gritar sentí un alivio que no esperaba y pude llegar a casa.

Lo que llamo mi transición de restauración

Después de aquel grito comenzó lo que yo llamo mi transición de restauración. 
No cambió todo de un momento a otro, pero varias cosas comenzaron a cerrarse. Algunos amigos ya no querían salir conmigo porque ya era muy problemático. 
Al día siguiente mi carro dejó de prender y le prometí a mi mamá que ya no saldría de aquella manera.

No puedo demostrar que una falla mecánica fuera un milagro directo. 
Lo que digo es que, al mirar mi historia completa, veo la providencia de Dios usando incluso cosas ordinarias para detenerme. 
Providencia significa que Dios gobierna y cuida, muchas veces mediante acontecimientos que en el momento parecen comunes.

Aunque ya no salía, seguí trabajando en casa, tomando y consumiendo cocaína todos los días. Yo tenía una fecha en la cabeza: año nuevo. Navidad y año nuevo eran para mí los días de los excesos, cuando compraba mucha droga y alcohol. 
Pensaba que después comenzaría de cero.

El consumo ya me causaba un dolor horrible en la nariz. Cuando se terminaba el efecto no podía dormir. El último día de diciembre borré contactos, rompí el chip de mi teléfono y traté de dejar todo. Pero pasaron pocos días y rompí mi propia promesa. Yo quería cambiar, pero seguía regresando a lo mismo.

El 7 de enero de 2023 pasé toda la tarde pensando en lo mal que estaba y aun así volví a drogarme. Cerca de las tres de la madrugada ya no tenía más cocaína. Iba caminando hacia el baño, pensando en acostarme a soportar el dolor de la nariz, cuando sentí un dolor horrible en el cuerpo, caí de rodillas y vi mi piel morada.

Horas antes mi mamá me había revisado y me dijo que traía taquicardia. Yo pensé que podía estar sufriendo un preinfarto, aunque no puedo afirmar médicamente qué fue. Como pude regresé a la sala, me dejé caer en un sillón y le escribí a mi mamá: «Me siento mal». Ella oró por mí.

Después le dije: «¿Sabes qué? Ya no quiero salir. Enciérrenme aquí». Yo mismo pedí que me ayudaran de esa manera. Esa fue la última vez que consumí cocaína.

Romanos 5:8

8 Sin embargo, Dios demuestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

Del 7 de enero al 7 de marzo mi familia me ayudó a permanecer encerrado en casa porque yo se lo había pedido. No salía a buscar drogas ni alcohol. Cuando iba a la iglesia, me llevaban y después me regresaban a casa. En febrero arreglaron mi carro, pero todavía no comencé a salir solo.

No digo que encerrarse dos meses sea una fórmula que todos deban copiar. En mi caso fue la barrera que necesitaba para no volver a conseguir sustancias. Mi familia me sostuvo cuando yo sabía que todavía no podía confiar en mis decisiones. Quien enfrenta una adicción también debe buscar atención médica y psicológica adecuada a su situación.

Durante ese tiempo comprendí que había pecado contra Dios, que Jesucristo murió y resucitó, y que yo necesitaba arrepentirme y confiar en él. No hubo un minuto en el que de repente entendiera todo. Fue gradual, pero yo confié completamente en Dios y sabía que estaba obrando en mí.

También le pedí perdón por los años de odio y rebelión. Entendí que Dios es soberano y que no está obligado a explicarme cada decisión. Eso no significa que llorar o preguntar sea pecado; la misma Biblia contiene lamentos. Para mí significó dejar de juzgar a Dios como si yo conociera todo y comenzar a descansar en que él sí lo conoce.

Efesios 2:4-5, 8-10

4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun cuando estábamos nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo —es por gracia que sois salvos—

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no procede de vosotros, sino que es don de Dios.
9 No es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.
10 Nosotros somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las que Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

En abril de 2023 comencé a salir solo nuevamente. Recuerdo una salida con los jóvenes de la iglesia a una presa. Cuando regresé pensé: «Fue el mejor día de mi vida». Aquello que antes me parecía absurdo volvía a tener valor.

Los cambios fueron visibles en cosas sencillas. Mejoraron mis hábitos, comencé a asearme con mayor cuidado, dejé las malas palabras, procuraba comportarme mejor y me volví más abierto con otras personas. No me convertí en una persona perfecta. La santificación, que es el proceso por el cual Dios transforma al creyente, apenas estaba comenzando.

2 Corintios 5:17

17 De modo que el que está en Cristo, es una nueva criatura: las cosas viejas pasaron, y ahora todo es hecho nuevo.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

Cuando comencé a servir en multimedia me di cuenta de que preparar y proyectar letras, versículos y otros materiales podía volverse complicado. No era porque las personas no supieran hacerlo, sino porque las herramientas disponibles no siempre respondían a las necesidades de la iglesia. Como yo sabía un poco de programación, pensé que podía aportar algo. Así comenzó Zion Presenter en 2024. Fueron días, noches y muchas horas frente a la computadora intentando crear una herramienta práctica que facilitara el trabajo.
Aproximadamente en abril de 2025 me nombraron director de multimedia en la Iglesia. Zion Presenter no era para mí solamente otro programa, sino una manera de poner lo que sabía al servicio de la iglesia. Mientras lo desarrollaba y utilizaba, permanecía en la cabina durante las ministraciones. Desde allí comencé a observar prácticas que me producían preguntas y que ya no me parecían estar completamente en orden con lo que leía en la Biblia.

Yo miraba a todos muy entregados. Escuchaba a muchas personas hablar al mismo tiempo en lo que llamaban lenguas angelicales y veía cómo otros caían y decían experimentar al Espíritu Santo de una manera sobrenatural. Todos parecían recibir algo, menos yo.

A mí me daba miedo y vergüenza intentar caer o imitar lo que hacían, así que no lo hice. Pero algunas veces pensaba: «Debe haber algo mal conmigo», «estoy en pecado» o «Dios me está rechazando». El miedo que me habían dejado desde niño volvió con fuerza. Esa incredulidad y esa confusión fueron las que finalmente me empujaron a investigar.

había recibido la idea de que la Biblia no era suficiente para avanzar espiritualmente. Se enseñaba que una persona debía buscar revelaciones adicionales o terminaría estancada. 
Al estudiar, comencé a comprender la doctrina de Sola Scriptura: solo la Escritura es la autoridad inspirada e infalible que gobierna la fe y la práctica.

Eso no significa que maestros, confesiones o experiencias no puedan ayudarnos. 
Significa que todos deben ser examinados y corregidos por la Palabra de Dios. Una impresión intensa no se convierte automáticamente en un mensaje divino.

Hechos 17:11

11 Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

No llegué a estas conclusiones porque hubiera dejado de creer en el poder de Dios. Llegué a ellas porque quería distinguir entre lo que Dios puede hacer y lo que la Biblia dice que debemos esperar, practicar y llamar obra del Espíritu.

Orden y que se entienda

Primera Corintios 14 exige que el uso público de lenguas tenga orden, turnos e interpretación. Una reunión donde todos hablan a la vez sin que nadie entienda no sigue esas instrucciones.

Fundamento apostólico

Efesios 2:20 presenta a los apóstoles y profetas como fundamento de la Iglesia, con Cristo como piedra principal. El fundamento no se coloca nuevamente en cada generación.

Evangelio inalterable

Gálatas 1:8 enseña que ninguna experiencia, mensajero o supuesta revelación tiene autoridad para cambiar el evangelio recibido.

Escritura suficiente

Hechos 17:11 elogia a quienes compararon incluso la enseñanza apostólica con las Escrituras. Examinar no es incredulidad rebelde; puede ser obediencia.

Dar sin obligación

Segunda Corintios 9:7 enseña que cada creyente debe dar según haya decidido en su corazón, no por tristeza ni por obligación.

Malaquías en su contexto

Malaquías 3 habló a Israel dentro del pacto mosaico. Los diezmos sostenían a los levitas. No debe usarse para declarar condenado al cristiano que no entrega obligatoriamente un diez por ciento.

1 Corintios 14:33, 40

33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias cristianas,

40 pero que todo se haga decentemente y con orden.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)
Mi conclusión acerca de lo sobrenatural

Dios puede obrar sobrenaturalmente porque es soberano sobre su creación. Pero una obra verdadera de Dios no contradice su Palabra ni necesita ser producida mediante presión, desorden o imitación. Lo sobrenatural es extraordinario; no es algo que todos deban aparentar para demostrar que Dios los acepta.

También aprendí a ver la mano de Dios en lo ordinario: mi familia cuidándome, el tratamiento con psicóloga y psiquiatra, una puerta cerrada, una conversación, el trabajo diario y la lectura paciente de la Biblia. No sentir una manifestación visible no significa que Dios me rechazó. Mi aceptación delante de Dios descansa en Cristo.

En julio de 2026 dejé mis cargos y la congregación donde había servido. No lo hice porque crea que toda persona pentecostal sea falsa ni porque todas las iglesias de las Asambleas de Dios sean iguales. Lo hice porque mis convicciones acerca de la suficiencia de la Escritura, las lenguas, la revelación y el diezmo ya no coincidían con enseñanzas y prácticas importantes de aquella congregación.

Actualmente estoy buscando una iglesia bautista. Mientras la encuentro, me congrego en otra iglesia de las Asambleas de Dios, distinta de la anterior, donde la predicación se concentra más en la Biblia como autoridad y no existe el mismo énfasis en lenguas, condenación por no diezmar o manifestaciones sobrenaturales.

Una identidad que sigo examinando

Hace muy poco comencé a identificarme como bautista confesional de Londres. No uso esa expresión para fingir que ya conozco todo ni para colocar una denominación por encima de la Biblia. Resume convicciones que actualmente considero bíblicas y que continúo estudiando.

Busco una congregación donde Cristo y el evangelio sean centrales, la Biblia tenga autoridad real, los líderes puedan ser examinados y la doctrina se explique con claridad.

Mi testimonio no es una historia de fuerza personal

Yo no salí de todo esto porque fuera más fuerte o disciplinado que otras personas. Antes del 7 de enero hice promesas y las rompí. Necesité la misericordia de Dios, a mi familia, tratamiento con psicóloga y psiquiatra, límites muy concretos y mucho tiempo.

Tampoco quiero que alguien use mi historia como razón para abandonar un tratamiento o enfrentar una adicción a solas. Yo cuento lo que viví, pero cada persona debe recibir la atención médica y psicológica que necesite. Mi esperanza no está en copiar exactamente mis circunstancias, sino en Jesucristo.

Juan 6:37

37 Todo lo que el Padre me da vendrá a mí, y al que a mí viene no le echo fuera.

Biblia Reina Valera 2020 (RV2020)

Ahora preparo estos estudios porque sé lo fácil que es confundir una emoción intensa, una tradición o una afirmación religiosa con la voz de Dios. Existen diferencias doctrinales importantes y, algunas veces, líneas muy delgadas entre una enseñanza bíblica y otra que utiliza palabras bíblicas fuera de contexto.

Deseo que cualquier persona pueda leer, comprender y examinar. No escribo como alguien que ya terminó de aprender, sino como alguien que fue llevado a abrir la Biblia con seriedad. Mi deseo es edificar a otros, señalar la autoridad de la Escritura y exaltar a Jesús.

Estas conclusiones no convierten mi experiencia en doctrina. Son aplicaciones que ahora comprendo a la luz de la Biblia.

El dolor necesita verdad

Una oración respondida de manera distinta a lo esperado no demuestra que Dios sea injusto o que haya abandonado a sus hijos.

El pecado promete alivio

La rebelión y las sustancias ofrecieron libertad, pero terminaron dominando mi vida y destruyendo mi capacidad de disfrutar.

Pedir ayuda no es debilidad

Dios usó a mi familia, el tratamiento con psicóloga y psiquiatra, límites concretos y una congregación durante mi restauración.

La transformación es gradual

Los cambios profundos también aparecen en hábitos pequeños, palabras, relaciones y una nueva disposición para aprender.

La experiencia debe examinarse

Ni la intensidad emocional ni una manifestación visible demuestran por sí solas que una enseñanza procede de Dios.

Cristo recibe al que viene

Mi seguridad no descansa en sentir lo mismo que otras personas, sino en Cristo y en sus promesas.

Base de esta enseñanza

Fuente personal: recuerdos y testimonio de Yael Gutierrez. Las fechas de algunos períodos son aproximadas, excepto las señaladas expresamente.

Textos bíblicos principales: Salmos 34:18; Juan 6:37; Hechos 17:11; Romanos 5:8; 1 Corintios 14; 2 Corintios 5:17 y 9:7; Gálatas 1:8; Efesios 2:4-10 y 2:20; Malaquías 3. Los pasajes citados se presentan en la Biblia Reina Valera 2020.

De la rebelión a descansar en Cristo

Durante años pensé que Dios me había traicionado porque no respondió mi oración como yo esperaba. Convertí el dolor en odio, traté de rebelarme contra él y terminé esclavizado por aquello que usaba para sentirme bien.

No puedo explicar cada detalle de la providencia de Dios, pero hoy reconozco que tuvo misericordia de mí. Usó a mi mamá, a mi familia, el tratamiento con psicóloga y psiquiatra, circunstancias muy sencillas y una obra gradual en mi corazón. Después me llevó a abrir la Biblia y examinar la imagen de Dios que yo había recibido.

Todavía estoy aprendiendo. Mi esperanza no está en haber dejado la cocaína, en Zion Presenter, en una denominación ni en cambiar de postura doctrinal. Mi esperanza está en Jesucristo, quien murió por pecadores y no rechaza al que viene a él. Por eso cuento mi historia: para reconocer su gracia, edificar a otros y exaltar a Jesús.