Yael Gutierrez · Diario bíblico

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¿Por qué leer la Biblia?

La pregunta no es solamente si vale la pena leer un libro antiguo. La pregunta es si podemos decidir por nosotros mismos qué está bien y qué está mal, o si la Biblia realmente contiene el mensaje del Dios que nos creó.

Fecha del estudio 21 de julio de 2026
Tema Por qué la Biblia tiene autoridad sobre nuestra vida
Enfoque Romanos 1–3; Juan 10:37-38; 2 Timoteo 3:14-17; 1 Pedro 3:15

Tres preguntas antes de rechazar la Biblia

No debemos burlarnos de quien duda ni pedirle que crea sin pensar. Primero debemos explicar qué afirma la Biblia, quién dirige realmente nuestra vida y qué lugar ocupa Jesucristo en todo esto.

Identidad ¿Es la Biblia solamente un libro religioso o contiene un mensaje que Dios quiso darnos?
Autoridad ¿En qué nos apoyamos para decidir qué es verdad, qué está bien y a quién debemos obedecer?
Respuesta ¿Qué hacemos con la persona, las palabras, la muerte y la resurrección de Jesús?

¿Por qué debería alguien leer la Biblia si piensa que puede vivir sin Dios y decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal?

Parece que estamos discutiendo solamente sobre un libro, pero la pregunta va más lejos: ¿quién decide qué es verdad?, ¿existe algo verdadero aunque no nos guste?, ¿somos responsables ante el Dios que nos creó? Nadie debería aceptar la Biblia solamente porque su familia o su cultura se lo exige. Pero tampoco es justo rechazarla basándose en una versión torcida o demasiado simple de lo que enseña.

Decir “la Biblia es solo un libro” describe su forma material, pero no resuelve su identidad. Una constitución, una carta y un testimonio también son textos; lo decisivo es quién habla, qué afirma y si aquello que comunica es verdadero.

La Biblia se presenta como una palabra recibida de Dios y como el testimonio autorizado que conduce a Cristo. Segunda de Timoteo 3:14-17 afirma que las Escrituras pueden hacer sabio para la salvación por la fe en Cristo y que son útiles para enseñar, corregir y formar. Jesús declaró que sus palabras permanecerían aun cuando el cielo y la tierra pasaran (Mateo 24:35).

Estas afirmaciones no deben darse por demostradas solamente porque aparecen dentro de la Biblia. Sí establecen la cuestión que debe investigarse: ¿hay razones suficientes para creer que en estos escritos Dios se ha revelado y que Jesucristo confirma su autoridad?

La frase “nadie tiene autoridad sobre mí” no funciona en la vida real. Incluso quien rechaza toda religión se apoya en ciertas ideas para decidir: su manera de razonar, lo que ha vivido, lo que entiende por libertad, el valor que reconoce en otras personas y las pruebas que acepta.

Esto no significa que la ciencia, la razón o la experiencia sean enemigas de la fe. Todas nos ayudan a conocer cosas verdaderas. Pero ninguna de ellas, por sí sola, responde todas las preguntas. La ciencia estudia cómo funciona el mundo natural y comprueba sus resultados para que otros puedan revisarlos. No fue creada para decidir por qué existe el universo, cuál es el propósito de nuestra vida o a quién debemos entregar nuestra lealtad.

El problema no es escoger entre pensar o creer. La pregunta es más sencilla: al final, ¿en quién o en qué voy a confiar para decidir cómo vivir?

“Cada uno hacía lo que bien le parecía”

Jueces 21:25 resume una época de desorden en Israel: no había rey y cada uno hacía lo que consideraba correcto. El libro muestra adoración de ídolos, abandono del acuerdo que Dios había hecho con su pueblo, abuso, violencia y división.

El versículo no dice que toda persona no religiosa cometerá esas mismas maldades ni que cada decisión personal sea mala. La advertencia es esta: cuando Israel dejó a un lado lo que Dios había dicho y comenzó a decidir por su propia cuenta, terminó llamando bueno a lo que era claramente injusto. Sentir sinceramente que algo está bien no lo convierte en bueno.

Este argumento debe explicarse con cuidado. No pregunta si un ateo puede hacer cosas buenas. Pregunta por qué existen deberes que son verdaderos para todos y por qué cada persona tiene valor, aunque nadie poderoso quiera reconocerlo.

Conducta moral

Una persona que no cree en Dios puede amar, sacrificarse, buscar justicia y reconocer deberes reales. Romanos 2:14-15 habla de la obra de la ley escrita en la conciencia.

Conocimiento moral

No es necesario conocer toda la explicación de la moral para distinguir muchas acciones buenas y malas. Creyentes e incrédulos pueden razonar correctamente y también equivocarse.

La base del bien

La fe cristiana enseña que el bien nace del carácter santo de Dios y que cada ser humano tiene valor porque fue creado a su imagen.

Debate real

También hay pensadores que no creen en Dios, pero sostienen que el bien y el mal son reales y no simples gustos. La conversación debe comparar qué forma de entender la vida explica mejor nuestros deberes, nuestro valor y nuestra responsabilidad.

La pregunta no es si el incrédulo puede hacer el bien

Sería injusto decir: “Si no crees en Dios, no puedes hacer nada bueno”. El argumento cristiano es otro: si algunas cosas están realmente bien o mal para todos, debemos preguntar de dónde viene esa regla que está por encima de nuestras opiniones.

La mayoría, el gobierno y la cultura pueden reconocer una regla justa o pueden pisotearla. Que muchas personas aprueben una injusticia no la vuelve justa. Para el cristianismo, existe una medida superior porque el bien no fue inventado por los seres humanos ni depende de un capricho: refleja cómo es Dios. Este argumento ayuda a pensar, pero no reemplaza el mensaje del evangelio.

La Biblia no es un solo escrito, sino una colección de libros redactados durante muchos siglos por diferentes autores. Sus textos llegaron principalmente en hebreo, arameo y griego. Incluyen historias, leyes, poemas, profecías, consejos sabios, relatos de la vida de Jesús y cartas.

A pesar de esas diferencias, todos esos libros desarrollan una misma historia: Dios crea, el ser humano se rebela, Dios forma un pueblo, promete rescatarlo, cumple su plan en Cristo y dirige la historia hacia una creación renovada. Esa unidad es una buena razón para estudiarla.

Pero que la Biblia sea antigua, influyente y mantenga una historia unida no demuestra automáticamente que venga de Dios. Esas son razones para tomarla en serio. La fe cristiana se apoya finalmente en lo que Dios hizo dentro de la historia y, sobre todo, en Jesucristo.

La Biblia aborda preguntas humanas inevitables y las integra dentro de una visión completa de Dios, el mundo y nuestra responsabilidad.

Identidad

Presenta al ser humano como criatura hecha a imagen de Dios, valiosa y responsable, pero dañada por el pecado.

Mal y sufrimiento

No trata el mal como una ilusión. Lo relaciona con la rebelión humana y anuncia el juicio y la restauración de Dios.

Muerte y esperanza

Enfrenta nuestra mortalidad y coloca la esperanza cristiana en la resurrección de Jesús y la futura resurrección de su pueblo.

Reconciliación

Su centro no es una técnica de superación, sino la noticia de que Dios reconcilia consigo a pecadores mediante Jesucristo.

Preguntas distintas requieren métodos adecuados

Las ciencias naturales explican con mucha precisión cómo funcionan numerosas cosas que podemos observar. Pero medir más cosas no responde por sí solo para qué vivimos, por qué estamos obligados a hacer el bien o qué significado tiene nuestra existencia. Esas preguntas también exigen pensar qué clase de mundo habitamos y qué explicación de la vida tiene más sentido.

Esto no nos permite usar la Biblia en lugar de una investigación científica ni ignorar las pruebas disponibles. Tampoco significa que solamente sea real aquello que cabe en una medición de laboratorio. Debemos reconocer qué pregunta responde cada campo y evitar inventar una pelea innecesaria entre la Biblia y el estudio del mundo que Dios creó.

Leer toda la Biblia es valioso, pero no sería correcto afirmar que nadie puede evaluar una obra hasta terminar cada página. Sí es razonable pedir que una crítica represente fielmente lo que el texto enseña, considere su contexto y dialogue con sus afirmaciones principales.

Algunas personas rechazan una versión superficial de la Biblia que aprendieron de terceros. Otras la han estudiado seriamente y permanecen en desacuerdo. En ambos casos, el diálogo mejora cuando se vuelve al texto, se distinguen los géneros y se evita construir una conclusión sobre un versículo aislado.

La invitación cristiana es sencilla: lee los Evangelios, observa qué afirma Jesús acerca de sí mismo, examina el testimonio apostólico y pregunta si la explicación cristiana corresponde con la evidencia.

Cuando algunas personas tenían dificultad para creerle, Jesús les pidió que observaran sus obras (Juan 10:37-38). Después de su muerte, los apóstoles anunciaron que Dios lo había resucitado y hablaron de testigos, apariciones y hechos que, según ellos, habían ocurrido públicamente. Primera de Corintios 15:3-8 resume ese anuncio y menciona personas que, según Pablo, vieron a Cristo resucitado.

Ese testimonio debe estudiarse como estudiamos otros hechos de la historia. No es una fórmula matemática ni vuelve fáciles todas las preguntas. Pero tampoco permite decir que el cristianismo exige creer sin ninguna razón. La fe cristiana significa confiar personalmente en Dios porque él se dio a conocer y porque actuó por medio de Cristo.

La inteligencia no pertenece a una sola postura

Hay científicos, historiadores y pensadores que creen en Dios, otros que no creen y otros que dicen no saber si Dios existe. Que haya personas inteligentes en posiciones contrarias no decide automáticamente cuál es verdadera. Por eso, el cristiano no debe tratar a quien duda como si fuera tonto.

Primera de Corintios 1 confronta a quien cree que no necesita a Dios y desprecia la cruz, pero también confronta el orgullo del creyente: nadie puede presumir delante de Dios. La sabiduría cristiana comienza recibiendo con humildad lo que Dios hizo, no usando la Biblia para sentirnos superiores.

Romanos 1:18-32 enseña que Dios ha mostrado algo de sí mismo por medio de todo lo creado. También describe a la humanidad rechazando esa verdad, cambiando la gloria del Creador por cosas creadas y dañando tanto su adoración como su conducta. Pablo muestra que el problema afecta nuestra manera de pensar, nuestras decisiones y nuestra relación con Dios.

Pero Pablo no termina apuntando a “los otros”. Romanos 2 confronta a quien juzga mientras también peca, y Romanos 3 concluye que tanto judíos como no judíos están bajo pecado. Todos han pecado y nadie queda bien con Dios por sentirse más moral o más religioso.

Por eso, Romanos 1 no debe usarse como una etiqueta para dejar de escuchar a un ateo. El pasaje nos coloca a todos delante de Dios y prepara el anuncio de que Dios nos acepta por medio de la fe en Jesucristo.

Evitemos conclusiones que exceden el texto

La Biblia no enseña que un ateo sea incapaz de hacer algo bueno para otras personas, ni que todo creyente viva siempre de acuerdo con lo que predica. Tampoco nos permite suponer que conocemos la historia, las preguntas o las razones de cada persona que no cree.

Sí enseña que todos hemos pecado, que nuestra conciencia no reemplaza lo que Dios quiso mostrarnos y que nadie puede arreglar su relación con él mediante inteligencia, buenas obras o pertenencia religiosa. Tanto creyentes como incrédulos necesitamos la gracia que Dios ofrece en Cristo.

Primera de Pedro 3:15 une la defensa de la esperanza con mansedumbre y respeto. El modo de responder debe corresponder con el mensaje que anunciamos.

Escuchar

Pregunta qué entiende la persona por Dios, Biblia, verdad y evidencia antes de responder a una postura que quizá no sostiene.

Definir

Aclara si la persona duda que la Biblia venga de Dios, que sus relatos sean confiables, que su enseñanza moral sea buena, o si tuvo una experiencia religiosa dolorosa.

Preguntar

Pregúntale en qué se apoya para afirmar que toda persona tiene valor, derechos y deberes que nadie debería violar.

Reconocer límites

No presentes un argumento complejo como si resolviera cada objeción. Admite cuando una cuestión necesita estudio adicional.

Volver a Cristo

No permitas que la conversación quede reducida a moralismo. El centro cristiano es quién es Jesús y qué ocurrió en su cruz y resurrección.

Respetar

No ridiculices, manipules ni declares ganada una conversación. La persona no es un proyecto argumentativo, sino alguien a quien debemos amar.

  • ¿Qué entiendes por verdad y qué método usas para reconocerla?
  • ¿Crees que algunas acciones son realmente malas aunque una sociedad completa las apruebe?
  • ¿En qué te apoyas para decir que toda persona tiene valor y derechos?
  • ¿Qué afirmación central de la Biblia consideras falsa y qué evidencia te llevó a esa conclusión?
  • ¿Has examinado directamente los Evangelios y las afirmaciones de Jesús acerca de sí mismo?
  • ¿De dónde crees que vienen nuestros deberes, la conciencia y el deseo de justicia?
  • ¿Qué evidencia considerarías suficiente para volver a examinar tu conclusión acerca de Dios?
La Biblia no fue dada solamente para ganar discusiones

La Escritura revela quién es Dios, expone la condición humana y anuncia cómo pecadores pueden reconciliarse con él mediante Jesucristo. Su propósito no es convertir al creyente en vencedor de debates, sino hacerlo sabio para la salvación y formarlo para una vida fiel.

Cuando alguien afirma “yo hago lo que quiero”, es válido preguntar con qué autoridad define el bien y el mal. Pero la conversación debe avanzar hasta una verdad más profunda: ninguno de nosotros ha vivido conforme al bien que reconoce. No necesitamos únicamente una regla superior; necesitamos perdón, un corazón renovado y reconciliación con Dios.

Conclusión

El cristianismo no nos invita a leer la Biblia solamente porque sea antigua, famosa o una gran obra literaria. Nos invita a examinarla porque afirma contener el mensaje del Creador y llevarnos a Jesucristo. Si esa afirmación es falsa, debe rechazarse con buenas razones; si es verdadera, ignorarla afectaría las preguntas más importantes de nuestra vida.

Poder elegir no significa que nosotros decidimos qué es verdad. Todos confiamos en ciertas ideas acerca de lo real, lo bueno y lo que merece respeto. Debemos preguntar si esas ideas realmente pueden sostener nuestra manera de vivir. La Biblia enseña que la verdad y el bien tienen su origen en Dios, que cada persona tiene valor, que todos nos hemos rebelado y que Dios ofrece gracia en Cristo.

Compartamos esta esperanza sin orgullo. Leamos con cuidado, pensemos con honestidad, escuchemos las mejores objeciones y aclaremos cuándo estamos repitiendo lo que dice el texto y cuándo estamos llegando a una conclusión propia. No necesitamos defender la Biblia despreciando a nadie; debemos anunciarla con firmeza, humildad y una vida que refleje al Señor de quien habla.