Bautista confesional de Londres
Por qué me identifico así
Esta enseñanza resume la Confesión Bautista de Fe de 1689 y explica por qué sus convicciones me ayudan a expresar públicamente lo que creo. No presenta la confesión como una segunda Biblia, sino como un mapa doctrinal que debe ser examinado y corregido por la Palabra de Dios.
Esta enseñanza y la propia Confesión de 1689 deben examinarse a la luz de la Escritura: «Los judíos de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con mucha atención, y todos los días estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía». Hechos 17:11, RV2020.
Cuando digo que me identifico como bautista confesional de Londres, no quiero decir que siga una ciudad, una iglesia inglesa o un libro que tenga la misma autoridad que la Biblia.
Es una manera breve de decir lo que creo: la Biblia es la autoridad final; somos salvados por la gracia de Dios en Cristo; el bautismo corresponde a quienes creen; y la iglesia debe vivir bajo la autoridad de Cristo.
Esta enseñanza explica cada palabra del nombre y por qué uso esta confesión como una ayuda. La conclusión será siempre la misma: la confesión ayuda, pero la Biblia manda.
Tres palabras que necesitan explicación
Estas tres palabras pueden sonar complicadas, pero cada una responde una pregunta sencilla.
16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,
17 para que el hombre de Dios sea perfecto, perfectamente instruido para toda buena obra.
Una confesión de fe es un resumen escrito de lo que una iglesia entiende que la Biblia enseña. Es como decir de forma ordenada: esto creemos acerca de Dios, el evangelio, la iglesia, el bautismo y la vida cristiana.
No trae mensajes nuevos de Dios. Tampoco evita que tengamos que leer la Biblia con cuidado. Su valor es que deja clara una postura y permite que otros la revisen. Así se enseña con más orden y se detectan contradicciones.
Nuestra conclusión es sencilla: la Confesión Bautista de 1689 puede ser una ayuda muy valiosa, pero es un documento humano. Puede equivocarse. Solo la Escritura es inspirada por Dios y tiene la última palabra.
Confesión Bautista de Fe de 1689, capítulo 1, «De las Santas Escrituras». La confesión afirma que la Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible para el conocimiento salvador, la fe y la obediencia.
En el siglo diecisiete, los bautistas particulares de Inglaterra querían mostrar que compartían las doctrinas centrales del cristianismo protestante con otros creyentes, aunque diferían especialmente en el bautismo y en la organización de la iglesia local. Se llamaban particulares porque creían en una redención particular: Cristo murió con el propósito definido de salvar realmente a su pueblo. Esta doctrina se explica con mayor detalle más adelante.
Su confesión tomó mucho material de la Confesión de Westminster de 1647 y de la Declaración de Savoy de 1658. No fue una copia sin propósito. Conservó muchos acuerdos doctrinales y modificó los puntos donde estos bautistas entendían que la Biblia enseñaba algo distinto.
Una versión se publicó en 1677, cuando los bautistas sufrían restricciones. Después de que cambió la situación política y religiosa, representantes de más de cien congregaciones la adoptaron públicamente en Londres en 1689. Por eso suele llamarse Segunda Confesión Bautista de Londres o Confesión Bautista de 1689.
La palabra Londres identifica ese documento histórico. No significa que toda persona que lo adopta pertenezca hoy a una denominación londinense.
La confesión pertenece a una conversación doctrinal más amplia dentro del protestantismo inglés.
Presbiterianos ingleses expresaron de forma extensa su teología reformada.
- Autoridad de la Escritura
- Doctrinas de la gracia
- Teología del pacto
Congregacionalistas adaptaron ese material, especialmente en asuntos relacionados con la iglesia.
- Gobierno congregacional
- Continuidad doctrinal reformada
Bautistas particulares conservaron los acuerdos principales y expresaron sus convicciones sobre la iglesia y el bautismo.
- Bautismo de creyentes
- Iglesias locales responsables ante Cristo
Introducción histórica de la edición castellana de la Confesión Bautista de Fe de 1689. La edición explica su relación con Westminster y Savoy, y registra la reunión celebrada en Londres en septiembre de 1689.
La confesión enseña que hay un solo Dios verdadero. Ese único Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. A esto le llamamos Trinidad. No significa que haya tres dioses; significa que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son plenamente Dios y son personas distintas.
También enseña que Dios creó todo y sigue cuidando y gobernando lo que creó. A ese cuidado y gobierno le llamamos providencia. Dios no pierde el control de la historia, pero las personas siguen siendo responsables de lo que hacen. Dios no obliga a nadie a pecar.
Me identifico con esta enseñanza porque afirma la Trinidad y porque me enseña que la vida no está gobernada por la suerte, sino por Dios.
El problema humano no es solo que nos falte información o disciplina. El pecado afecta lo que pensamos, queremos, amamos y hacemos. Seguimos tomando decisiones reales, pero por nosotros mismos no buscamos a Dios como deberíamos ni podemos darnos vida espiritual.
Esto no quiere decir que toda persona haga todo el mal que podría hacer. Quiere decir que el pecado alcanza toda la persona. Por eso nadie puede salvarse por ser suficientemente bueno. Necesitamos que Dios actúe con gracia.
A esta enseñanza se le llama depravación total. El nombre puede sonar duro. No significa maldad máxima; significa que el pecado afecta toda nuestra vida.
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no procede de vosotros, sino que es don de Dios.
9 No es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie.
10 Nosotros somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las que Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas.
Un mediador es alguien que interviene para reconciliar a dos partes separadas. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los seres humanos porque es verdadero Dios y verdadero hombre.
Su vida obediente, su muerte, su resurrección y su intercesión son suficientes para salvar. La confesión usa la palabra pacto para hablar de la relación que Dios establece con promesas que él mismo cumple. Después del pecado, nuestra esperanza no está en obedecer perfectamente, sino en Cristo.
Por eso no pongo mi confianza en ceremonias, méritos personales, líderes o experiencias religiosas. La pongo en Jesucristo y en lo que él ya hizo.
5 Pues hay un solo Dios, y así mismo un solo mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús,
6 que se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
Estos términos describen una sola salvación. No son palabras reservadas para especialistas. Cada uno explica una parte de lo que Dios hace por el creyente.
Dios decidió salvar por gracia a un pueblo en Cristo. La causa final no es un mérito previsto en la persona, sino el propósito misericordioso de Dios.
Por medio del evangelio y la obra del Espíritu, Dios despierta al pecador para que comprenda su necesidad y venga verdaderamente a Cristo.
Dios declara justo al creyente por la justicia de Cristo, recibida mediante la fe. No significa que la persona ya sea moralmente perfecta.
Dios no solo perdona. También recibe al creyente como hijo y le concede acceso, cuidado y herencia en Cristo.
El Espíritu transforma progresivamente la vida del creyente. Las buenas obras son fruto de la salvación, no el precio pagado para obtenerla.
Dios preserva a los creyentes verdaderos y ellos continúan confiando en Cristo. Pueden caer seriamente, pero no quedan abandonados definitivamente.
Aquí la palabra reformado no significa pertenecer a una iglesia con ese nombre. Describe una manera de entender la salvación: Dios da el primer paso. Él planea, consigue y aplica la salvación por medio de Cristo y del Espíritu Santo.
Por eso esta identidad no es bautista solamente por el bautismo. También afirma que el pecado es serio, que la gracia de Dios es eficaz y que él preserva a los que realmente salva.
Nuestra conclusión es que Efesios 1, Romanos 8 y 9, Juan 6 y Hechos 13:48 muestran esta prioridad de la gracia de Dios. Eso no quita la responsabilidad humana. El evangelio debe anunciarse a todos, y todo el que viene a Cristo será recibido.
Los bautistas particulares recibieron ese nombre porque creían que Cristo murió con el propósito definido de salvar realmente a su pueblo. A esta enseñanza se le llama redención particular o expiación definida.
No significa que la muerte de Cristo tenga poco valor. Su sacrificio es suficiente y el evangelio se anuncia a toda persona. El punto es otro: Cristo no solo dejó una salvación posible; con su muerte aseguró la salvación de quienes vino a redimir.
Esta es una convicción propia de esta confesión y no quiero esconderla. También merece estudiarse con calma en los textos bíblicos que hablan de la cruz.
La confesión distingue cuidadosamente entre la base de la aceptación ante Dios y el fruto de una vida nueva. Somos justificados solamente por la obra de Cristo, recibida mediante la fe. Las obras no compran el perdón.
Sin embargo, la fe salvadora produce arrepentimiento, amor y obediencia. Las buenas obras no son la raíz de la justificación, sino su fruto visible. Una profesión de fe que nunca produce ningún cambio debe examinarse seriamente.
También enseña que el creyente puede tener seguridad de salvación. Esa seguridad no se basa en sentirse fuerte todos los días, sino en las promesas de Dios, la obra de Cristo y la evidencia de la gracia en la vida.
En el Antiguo Testamento Dios dio a Israel leyes morales, ceremonias de culto y leyes para su vida como nación. El cristiano no vive bajo todo ese sistema como si todavía fuera el pacto que Dios hizo con Israel. Los sacrificios y muchas ceremonias apuntaban a Cristo y se cumplieron en él.
Sin embargo, Dios sigue mostrando en la Biblia lo que ama y lo que rechaza. Obedecemos no para comprar el perdón, sino porque ya hemos recibido gracia y queremos agradar a Dios.
La libertad cristiana significa que nadie debe imponer reglas humanas como si fueran mandamientos de Dios. No significa que somos libres para pecar. Cristo nos libera del pecado para vivir para Dios.
La confesión enseña que Dios debe indicar cómo quiere ser adorado. Esta idea se llama principio regulador de la adoración. En palabras simples: una iglesia no debe inventar prácticas y decir que Dios las ordenó si la Biblia no las enseña.
También enseña que el primer día de la semana debe apartarse para la adoración, el descanso y las obras de necesidad y misericordia. Hay creyentes que están de acuerdo con muchas doctrinas de la confesión, pero entienden de otra manera la relación entre el sábado y el domingo.
Mi postura reconoce lo que enseña la confesión. Al mismo tiempo, la aplicación exacta debe seguir revisándose con la Biblia.
La Iglesia universal incluye a todas las personas que verdaderamente pertenecen a Cristo. Una iglesia local es una congregación visible: creyentes que se reúnen para escuchar la Palabra, bautizar, celebrar la Cena del Señor, cuidarse y servir.
La palabra congregacional describe una forma de gobierno. Cada iglesia local responde directamente a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia. Las iglesias pueden ayudarse y aconsejarse, pero ninguna oficina humana toma el lugar de Cristo ni gobierna a todas las congregaciones.
La confesión reconoce dos oficios normales: ancianos o pastores, que enseñan y cuidan, y diáconos, que sirven. Los líderes tienen responsabilidad real, pero también deben poder ser examinados con la Biblia.
19 Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñadles a guardar todas las cosas que os he mandado. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
La confesión enseña que deben bautizarse quienes dicen creer en Cristo y muestran una profesión creíble de fe. Por eso no presenta el bautismo de bebés como el patrón apostólico. Recibir agua no salva automáticamente ni convierte a una persona por sí mismo.
También sostiene que la inmersión representa bien la unión del creyente con la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo. El agua no crea esa unión. La muestra públicamente.
Esta es una razón central por la que me llamo bautista. No es solo una costumbre familiar. Entiendo que el orden más claro del Nuevo Testamento es: escuchar el evangelio, creer y después bautizarse.
3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?
4 Porque por el bautismo somos sepultados juntamente con él en su muerte, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.
La confesión reconoce dos ordenanzas, es decir, dos prácticas que Cristo mandó a su iglesia: el bautismo y la Cena del Señor.
En la Cena, el pan y la copa recuerdan y anuncian la muerte de Jesús. La confesión rechaza la transubstanciación, que enseña que el pan y el vino dejan de ser pan y vino y se convierten físicamente en el cuerpo y la sangre de Cristo.
Eso no hace que la Cena sea vacía. Cuando la iglesia participa con fe, gratitud y entendimiento, Cristo fortalece espiritualmente a su pueblo. Pero Cristo no vuelve a ser sacrificado, y los elementos siguen siendo pan y fruto de la vid.
23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
24 y después de dar gracias, lo partió, y dijo: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí».
25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí».
26 Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
La doctrina debe verse en la vida diaria, no quedarse en ideas. Por eso la confesión habla de decir la verdad, respetar a las autoridades sin obedecer lo que contradiga a Dios, cuidar el matrimonio y ayudar a otros creyentes.
La comunión de los santos significa que quienes pertenecen a Cristo deben amarse, servirse, corregirse y ayudarse de forma concreta. No significa que todos pierdan sus responsabilidades personales ni que todos sus bienes se vuelvan automáticamente de uso común.
La confesión enseña que después de la muerte el cuerpo vuelve al polvo y la persona permanece consciente delante de Dios. Cuando Cristo regrese, habrá resurrección corporal y juicio final.
La esperanza cristiana no es vivir para siempre como espíritus sin cuerpo. Es resucitar y vivir con Cristo. Quienes permanezcan fuera de él enfrentarán el juicio justo de Dios.
A este estudio de las cosas finales se le llama escatología. No debe llevarnos a inventar fechas ni a vivir con miedo. Debe ayudarnos a ser fieles, anunciar el evangelio y esperar el regreso visible de Jesús.
Usar este nombre no significa que tenga todas las respuestas. Significa que puedo decir con claridad desde qué convicciones estudio la Biblia.
La Biblia, no la confesión ni una denominación, es la autoridad final que gobierna la fe y la práctica.
La salvación pertenece a Dios, se logra por Cristo, se aplica por el Espíritu y se recibe mediante la fe, no por méritos humanos.
Cristo reúne iglesias locales de creyentes que deben someter doctrina, liderazgo y prácticas a la Escritura.
El bautismo corresponde a quienes profesan fe y representa su unión con Cristo mediante la inmersión en agua.
La palabra confesional expresa que mis convicciones pueden conocerse, discutirse y compararse con la Biblia.
Una confesión histórica puede ayudarme sin convertirse en inspirada, infalible o imposible de corregir.
La palabra bautista incluye iglesias con diferencias importantes. Algunas son reformadas y otras no. Algunas usan confesiones históricas y otras prefieren declaraciones más breves. Por eso decir solamente «soy bautista» no explica toda una postura.
También una iglesia que usa el nombre «1689» debe ser evaluada por lo que realmente enseña y practica. La etiqueta no reemplaza una predicación fiel, un evangelio claro, líderes íntegros y un trato cristiano hacia las personas.
Me identifico como bautista confesional de Londres porque la Confesión de 1689 expresa de forma ordenada varias convicciones que considero bíblicas: la suficiencia de la Escritura, la Trinidad, la gracia de Dios, la obra completa de Cristo, la justificación por la fe, la iglesia de creyentes y el bautismo después de creer.
No uso este nombre para decir que una tradición nunca se equivoca. Lo uso para ser claro acerca de lo que creo y para reconocer que no estudio aislado de la historia de la Iglesia. Cuando la confesión resume bien la Biblia, la recibo como una ayuda. Si alguna frase de la confesión no puede sostenerse con la Escritura, la Escritura debe corregirme.
Esta identidad debería producir claridad, humildad y obediencia; nunca orgullo por pertenecer a un grupo.
¿Puedo mostrar en la Biblia por qué creo cada doctrina importante, o solo repito una confesión?
¿Mi manera de hablar de elección y gracia sigue invitando sinceramente a toda persona a arrepentirse y creer en Cristo?
¿Mi doctrina produce humildad, amor, santidad y servicio, o solo me hace sentir superior a otros creyentes?
¿La congregación que considero confesional vive realmente bajo la Palabra y permite examinar a sus líderes?
¿Entiendo por qué soy bautista o solamente heredé la etiqueta sin estudiar el bautismo en el Nuevo Testamento?
¿Estoy dispuesto a corregir una conclusión cuando el contexto bíblico demuestra que la entendí mal?
Confesión Bautista de Fe de 1689, edición castellana publicada por Chapel Library y Editorial Peregrino, introducción histórica y capítulos 1 al 32.
Biblia Reina Valera 2020: Hechos 17:11; Mateo 28:19-20; Romanos 3:23-24; 6:3-4; Efesios 1; 2:8-10; 1 Timoteo 2:5-6; 2 Timoteo 3:16-17; 1 Corintios 11:23-26; Juan 6; Romanos 8 y 9; Hechos 13:48.
La confesión fue resumida, no reproducida de manera completa. Para evaluar una doctrina concreta debe leerse el capítulo correspondiente, sus referencias bíblicas y el contexto completo de esos pasajes.
Bautista, confesional y de Londres
Soy bautista porque entiendo que el bautismo sigue a la fe. Soy confesional porque deseo expresar con claridad lo que creo. Digo «de Londres» porque la Confesión Bautista de 1689 resume el marco doctrinal reformado que considero más fiel al conjunto de la Escritura.
Pero mi autoridad final no es Londres ni el año 1689. Es la Palabra de Dios. La confesión me ayuda a explicar mi fe; la Biblia tiene el derecho de examinarla, corregirme y gobernar mi vida.
Esta enseñanza es un resumen. Descarga el documento completo para leer sus 32 capítulos, revisar sus explicaciones y consultar las referencias bíblicas en su contexto.
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